Corazones y mentes: proyecciones cuatroteístas

Por Anaximandro Pérez
Enero 2022

Si la guerra es la verificación de la política por otros medios, el ejercicio político encierra en sí elementos combativos que nos permiten reflexionar sobre las estrategias y tácticas de los teatros de operaciones militares. Y es que el desempeño del morenismo nacional, siguiendo a su ver y entender las ocurrentes líneas de “combate” dictadas desde la «mañanera», las formas y objetivos que toman las medidas o ataques del presidente y sus voceros, hacen recordar aquella lucha por conquistar las voluntades de los pueblos tercermundistas dirigida bajo la estrategia de “hearts and minds” (corazones y mentes) que proponían los colonialistas franceses e ingleses del siglo XX.

La estrategia se aplicó bajo ese nombre en algunos de los escenarios asiáticos que querían liberarse de Inglaterra —por ejemplo, Birmania, donde dio buenos frutos para el gobierno británico—. Pero bajo otros nombres también la proponían los teóricos franceses de la guerra contrarrevolucionaria y anticomunista, principalmente David Galula y Roger Trinquier, para las guerras gálicas en Argelia, Indochina, etc. Las actividades que se encuadran como “hearts and minds” van dirigidas sobre los civiles, más que sobre los combatientes, buscando ganar precisamente sus corazones y sus mentes, es decir, una obediencia absoluta de la gente común en favor del contrincante que busca imponer su dominio sobre la sociedad.

La conquista de voluntades en una guerra comienza con un acercamiento pacífico o violento (según sea necesario), del interventor a los pueblos. Una vez en ellos, de acuerdo con las circunstancias y ánimos que encuentre en la gente, debe implementar tres tipos de medidas: las positivas, las negativas y las estructurales. El autor Christian Olsson expone que las primeras consisten en “la valorización de las acciones de las fuerzas armadas”, esto es, operaciones psicológicas edulcoradas o impregnadas de terror, con las que se haga aceptar a la gente la superioridad inalcanzable y abrumadora del ocupante. Las negativas son el bombardeo incesante con ideas, ejemplos o discursos que logren una “estigmatización del adversario” que se traduzca automáticamente como verdad a los ojos de la gente. Por último, las estructurales son un “reformismo político, económico y social”, o lo que es lo mismo, procurar resolver algunos problemas inmediatos de los habitantes (brindar algún servicio inexistente en la población, dar dinero, agua potable, etc.). Al mismo tiempo, el conquistador mantiene siempre a mano el recurso de la violencia física (los asesinatos ejemplares, los fusilamientos, la cárcel, la tortura, etc.), que puede emplear a su arbitrio. En otras palabras, se trata de una guerra psicológica por legitimar mediante una distorsión de la realidad acompañada de promesas y ocasionales mejoras socioeconómicas, y por la fuerza, a un sujeto político que no es cabalmente aceptado entre la población.

Esto nos permite aterrizar a la política mexicana. El lópezobradorismo combina, acaso en de manera burda o inconsciente, elementos para una lucha de conquista de corazones y mentes de los mexicanos. Como muchos mexicanos no estamos de acuerdo con la forma personalista y arbitraria con que administra Morena, su gobierno busca moldearse con discursos una imagen de legitimidad absoluta, para hacer y deshacer; procura utilizar recursos positivos, negativos y estructurales: como la promoción de becas y apoyos irrisorios destinados a la gente necesitada, que en realidad solo funcionan donde hay un operador de Morena que administre a su gusto el fisco.

En el mismo sentido funciona la conferencia matutina del presidente, que no es sino una plataforma de adulación de una “moralidad” de la 4T y de estigmatización de “enemigos” para ensuciar su imagen entre los mexicanos —se dice que están “moralmente derrotados”, que son conservadores, mafia, corruptos, etc—. Por último, la “consulta de revocación de mandato”, dijo en fecha reciente Lorenzo Córdova (en entrevista para Latinus), es concedida por la Constitución cuando la solicita la sociedad; pero aquí la pide el gobierno, con la insistencia de aquel que sabe de cierto que ganará. En resumen, nos encontramos ante la fabricación de un nuevo recurso para la política de combate de López obrador: ganar esta consulta podría servir como evidencia ideológica para la gente común, como ejemplo de que un presidente elegido dos veces (en 2018 y en 2021), su proyecto, así como sus decisiones ocurrentes, son legítimas y superiores.


Anaximandro Pérez es Maestro en Historia por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.