Desigualdad sí, pero no excesiva: medidas de control para evitar la inestabilidad política en las dinastías Qin y Han

ENSAYO Por: Ehécatl Lázaro

Desigualdad sí, pero no excesiva: medidas de control para evitar la inestabilidad política en las dinastías Qin y Han

Por Ehécatl Lázaro
Enero 2022

El periodo que comprende a las dinastías Qin y Han es considerado como una de las etapas más importantes en la historia de China. A pesar de su corta duración, la dinastía Qin (221-206 a.n.e.) logró desarrollar un sistema político que se convirtió en la base del Estado chino que prevaleció hasta comienzos del siglo XX: el sistema imperial. Por su parte, la dinastía Han (206 a.n.e.-220) perfeccionó el sistema imperial, amplió sus fronteras territoriales y gobernó durante cuatro siglos; su impronta en la historia china fue tan grande que el grupo étnico actualmente mayoritario lleva ese nombre.

¿Cómo lograron Qin y Han consolidar una unidad política y territorial después de 500 años de fragmentación e inestabilidad en Zhou oriental? Los factores que intervinieron son de diversa índole, pero este ensayo se restringe a un solo aspecto central: la desigualdad económica. En concreto, se hace una revisión de las medidas de control que implementó el gobierno central para evitar que la desigualdad económica amenazara la estabilidad política del imperio. La revisión comienza con la estratificación social de las dos dinastías, posteriormente se aborda la concepción de la desigualdad económica en el confucianismo y el legalismo, y por último se describen las medidas que tomaron Qin y Han para evitar el crecimiento excesivo de la desigualdad económica.

La estratificación social en Qin y Han

La estratificación social que se implantó a partir del gobierno del primer emperador, Qín Shǐ Huáng, tiene sus raíces en las reformas políticas y económicas que se impulsaron en el Estado de Qin en el periodo de los Reinos Combatientes. Tales reformas fueron ideadas y aplicadas por Shāng Yāng, uno de los fundadores del legalismo, y le permitieron a Qin desarrollar una estratificación social diferente a la que existía en Zhou oriental.

Las reformas de Shāng Yāng son las siguientes. En el terreno político, la superficie de Qin se distribuyó en 31 áreas y a cada una de se le asignó un magistrado que respondía directamente al gobierno central. La reforma agraria modificó la tenencia de la tierra, aboliendo el sistema de pozo que venía de Zhou oriental y permitiendo la compra y venta de tierras. Se erigió el principio de que la ley debía ser conocida por todos y que todos por igual debían cumplirla. Se promovió la reducción de las familias y la responsabilidad grupal de los individuos como mecanismos de control de la población. Se estableció una jerarquía de rangos honorarios a la cual se podía acceder según los méritos individuales y cuyas recompensas podían ser exenciones de impuestos, de trabajos, tierras, entre otros beneficios. Y se esbozó una política económica que favorecía a la agricultura y la guerra como actividades primarias, mientras calificaba al comercio y a la manufactura como actividades secundarias.

A través de estas reformas, la dinastía Qin logró restarle poder a las familias aristocráticas provenientes de Zhou oriental, quienes estaban acostumbradas a tener sus propios cotos de poder según el sistema fēngjiàn. La aristocracia tradicional no solo perdió control político sobre sus “feudos” sino también vio socavado su poder económico al decretarse la compra y venta de tierras, principal bien en el que descansaba su riqueza. En contraste, el poder central de Qin se incrementó, se afianzó su control sobre la población, y la mano dura de su gobierno logró la estabilidad política suficiente para derrotar a los otros seis reinos.

Como emperador, Qín Shǐ Huáng unificó todo el territorio en una misma unidad política, la dividió en 36 unidades administrativas cuyos jefes eran designados centralmente y respondían al poder imperial con sede en Xiányáng, a donde fueron desplazadas las viejas aristocracias de los otros reinos para que no obstruyeran el nuevo sistema político. Asimismo, se modificó la propiedad de la tierra, se aplicó la ley que se había desarrollado en Qin, se movilizaron grandes grupos para las obras imperiales como la Gran Muralla, se uniformaron las unidades de medida, y se aplicó el escalafón de rangos meritorios. Todas estas modificaciones impactaron en la estratificación social del imperio (Fairbank 1986).

A finales de Zhou oriental podían diferenciarse dos grandes grupos sociales: los gobernantes y los gobernados. Dentro de los gobernantes se encontraba todo el escalafón de la aristocracia tradicional: reyes, duques, marqueses, condes, vizcondes y barones; dentro de los gobernados se encontraba la naciente clase de los letrados, los caballeros, campesinos, artesanos y comerciantes (Wu 2002). Desde la época de Zhou oriental, el grupo que se encontraba más abajo en la escala de riqueza e ingresos eran los campesinos. El crecimiento económico que se vivió en Primaveras y Otoños y los Reinos Combatientes incrementó la desigualdad entre los estratos: los mercaderes y terratenientes se enriquecieron más mientras muchos campesinos perdieron sus tierras y se endeudaron hasta el punto de caer en la esclavitud (Gernet 2005).

Lo que cambió con la dinastía Qin fue que se le restó poder a la aristocracia tradicional y la clase de los letrados cobró mayor importancia, pero la situación de la clase campesina no mejoró. A las duras condiciones de vida se le añadieron las leyes draconianas impuestas por el nuevo imperio. Únicamente con un sistema de castigos tan riguroso pudo la dinastía Qin mantener una frágil estabilidad política que solo duró 15 años (Folch 2002). Finalmente, fue entre los estratos campesinos donde inició la rebelión que puso en crisis al primer imperio.

En la dinastía Han, la estratificación social partió de lo que había dejado la dinastía Qin, pero se complejizó aún más. La posición de cada familia estaba dada por su ocupación, su educación, su riqueza y su poder político. A partir de este criterio, se identifican seis clases sociales bien definidas: el emperador y su familia, luego los nobles, oficiales, eunucos, comunes y hasta el fondo los esclavos.

En la clase de los nobles se encontraban tres subgrupos: los familiares imperiales a quienes el emperador Gāozǔ les había entregado tierras en un estatus similar al antiguo fēngjiàn, las familias de las emperatrices y los oficiales meritorios. Los oficiales o letrados estaban un peldaño debajo de los nobles en la escala socioeconómica, pero tenían un estatus elevado respecto a las clases bajas: posiciones como el consejero imperial eran de gran peso y prestigio, además de que recibían altos salarios y tenían privilegios. Debajo de los oficiales estaban los eunucos, quienes desempeñaban sus funciones en los círculos más íntimos de la corte imperial; a finales de la dinastía Han, y en dinastías posteriores, los eunucos lograron un estatus alto que los colocó en la cúspide de la lucha por el poder.

El escalafón de la clase de los comunes se estructuraba de la siguiente manera: hasta arriba los letrados que no habían alcanzado el estatus de oficiales, luego los campesinos, después los artesanos y por último los comerciantes. En la categoría de campesinos no se incluyen solamente a quienes trabajaban la tierra, sino principalmente a los dueños de esta. La mayoría de los campesinos eran propietarios de pequeñas porciones de tierra y algunos no tenían ninguna, sino que eran trabajadores que trabajaban por un salario. En contraste, los grandes terratenientes normalmente eran oficiales, nobles o comerciantes, pero sus tierras eran trabajadas por la clase de los campesinos pobres. El elevado estatus legal de los campesinos estaba en contraste con su verdadera situación socioeconómica.

Los artesanos teóricamente estaban por arriba de los comerciantes, pero debajo de los campesinos; sin embargo, en los hechos la riqueza de los comerciantes normalmente superaba aquella que podían acumular los artesanos. En el caso de los comerciantes, es necesario precisar que esta categoría no englobaba solo a los que trasladaban productos de un lugar a otro y a quienes los vendían, sino también a quienes se ocupaban en las minas, en la producción de sal, criaban ganado vacuno y porcino, pescaban, prestaban dinero, entre otras actividades. Los miembros de esta clase social superaban económicamente a los demás integrantes del estrato de los comunes, y algunos tenían tanta riqueza o más que los oficiales. Hasta el fondo de la escala social estaban los esclavos (Qu 1972).

Si bien la desigualdad económica llegó a ser muy grande entre los estratos más altos y bajos de las sociedades de Qin y Han, sí existía cierta movilidad social que permitía ascender o descender en la escala: la necesidad de un sistema burocrático robusto abría la posibilidad de que miembros de los estratos inferiores aspiraran a cargos intermedios o altos que les permitieran vivir con mayor holgura.

La desigualdad económica en el legalismo y el confucianismo

Legalismo

Durante la dinastía Qin el legalismo fue elevado a la categoría de doctrina oficial. Afianzado en Qin desde la época de los Reinos Combatientes, el legalismo se generalizó a los otros seis reinos cuando Qín Shǐ Huáng unificó el primer imperio. Como individuo, el primer emperador no era un gran estadista ni un teórico del legalismo, pero tampoco eran necesarias esas cualidades para el funcionamiento del imperio: el legalismo se fundaba en el supuesto de que la ley y los ministros, más que la cabeza del sistema político, eran los responsables de que la sociedad marchara correctamente. Mientras el emperador se guiaba personalmente por el daoísmo religioso (buscando la vida eterna, etc.) el primer ministro Lǐ Sī (280-208 a.n.e.) se esforzaba por llevar a cabo las máximas del pensamiento legalista para fortalecer al Estado (Bodde 1938). ¿Qué lugar ocupa la desigualdad económica en las ideas de los representantes más destacados del legalismo?

Al igual que las demás corrientes del pensamiento chino que surgieron en la Edad Axial, el legalismo se planteó como preocupación central la búsqueda del Dào, es decir, “la búsqueda del camino para ordenar el Estado y conducir la vida propia” (Graham 2012, 15). Entre los fundadores del legalismo se identifica al gran reformador de Qin, Shāng Yāng (390-338 a.n.e.), sin embargo, grandes partes del libro que se le atribuye no fueron escritas por él sino por autores posteriores. Si bien fue un pionero en la práctica y la reflexión del legalismo, las ideas de Shāng Yāng no pueden estudiarse por las limitaciones del material existente.

El principal exponente del legalismo es Hán Fēi (280-233 a.n.e.), cuyo pensamiento se encuentra en el Hán Fēizǐ. El legalismo plantea que debe establecerse una ley que dicte claramente el comportamiento de los individuos, estipulando recompensas y castigos según se cumplan o violen dichas normas. A diferencia de otras corrientes, para el legalismo la aplicación de la ley incluye por igual a ricos y pobres, a nobles y comunes, pues si la ley no funciona correctamente no puede haber orden en la sociedad: no son las virtudes de las personas las que conducen al fortalecimiento de un Estado, sino sus leyes e instituciones. Puede decirse que el legalismo no desarrolla una concepción moral, sino que se enfoca en los mecanismos que pueden llevar a un gobierno a su correcto funcionamiento usando la ley como instrumento primordial.

Para los legalistas, las desigualdades sociales y económicas son necesarias si se busca construir un Estado poderoso: “En el gobierno, si se introducen reglas que el pueblo odia, éste se debilita; si son reglas que le placen, se fortalece. Cuando el pueblo es débil, el Estado es fuerte, cuando el pueblo es fuerte, el Estado es débil”  (Graham 2012, 524). Los intereses del Estado y del pueblo son inversamente proporcionales: tanto peor sea la situación del pueblo, tanto mejor será la situación del gobierno, y viceversa. Atenuar las desigualdades no representa algo positivo, sino negativo, para el correcto funcionamiento del Estado.

Confucianismo

La dinastía Han se caracteriza por haber recuperado el confucianismo después de que en la dinastía Qin los letrados confucianos habían recibido los peores tratos y las ideas de Confucio se habían considerado contrarias al buen gobierno.         El nuevo impulso que tuvo el confucianismo durante los cuatro siglos que dura Han se vio reflejado en el enriquecimiento de esta tradición de pensamiento por figuras como Dǒng Zhòngshū (179-104 a.n.e.). Por otro lado, la educación y los mecanismos para acceder a la burocracia fueron moldeados por los principios confucianos, haciendo del confucianismo la filosofía oficial de la dinastía Han. ¿Cómo se abordó el fenómeno de la desigualdad económica desde el confucianismo y su relación con la estabilidad política?

En contraste con el legalismo, el confucianismo sí considera que el correcto funcionamiento del sistema político se basa en la legitimación del gobernante, la cual se relaciona directamente con las condiciones de vida del pueblo y con la desigualdad entre los estratos sociales. Para Confucio, la relación entre el gobernante y los gobernados era similar a la relación que existe entre un padre y su hijo: jerárquica, pero también educadora y procuradora de un nivel aceptable de vida. Confucio ponía entre los deberes de los soberanos velar por el bienestar material y por la seguridad de su pueblo (Flora Botton 2021).

Mèngzǐ (372-289 a.n.e.), otro gran pensador de la tradición confuciana, profundiza en los planteamientos de Confucio. Para él, es obligación del gobernante garantizar el bienestar material y la felicidad del pueblo, debe cuidar que nadie muera por falta de alimento y debe establecer un sistema de tributos que no lastime la situación de las clases desfavorecidas. Estas medidas, además de que son justas en el entendido de que el soberano trata a su pueblo con la misma humanidad que un padre trata a su hijo, son necesarias para evitar la insubordinación y la violencia. Mèngzǐ advierte que la legitimidad del gobernante recae en su aceptación por el pueblo: si el soberano pierde la confianza del pueblo, entonces puede llegar a ser destituido (Flora Botton 2021).

Xúnzǐ (310-235 a.n.e.), maestro de los legalistas Hán Fēi y Lǐ Sī, insiste en que los líderes de la organización social deben tomar en cuenta las necesidades del pueblo y garantizar en lo posible su satisfacción. La relación entre desigualdad económica e inestabilidad política fue expresada metafóricamente por Xúnzǐ cuando dijo que el gobernante es como un barco y el pueblo como el agua, que así como lo sostiene puede hacerlo naufragar (Flora Botton 2021).

Ya en la dinastía Han, Dǒng Zhòngshū es quien mejor expresa las preocupaciones del confucianismo por la desigualdad social. Él observa con claridad la situación precaria del pueblo y culpa a los malos funcionarios de no comunicarle al emperador este problema. Para él, los niveles de desigualdad que se han alcanzado en la sociedad de Han pueden hacer estallar la estabilidad política de la que gozaban en ese momento: “El soberano tiene grandes palacios, pero los impuestos y tributos no tienen límite y despojan al pueblo de su riqueza; los trabajos forzados y las labores obligatorias roban al pueblo su tiempo; el sinfín de quehaceres deja al pueblo sin fuerzas y es así como infelices y desdichados se rebelan” (Flora Botton 2021, 96). Aconseja también evitar demostraciones excesivas de riqueza: “si el soberano es pródigo y derrochador, si rebasa todos los límites y abandona el decoro, entonces el pueblo se rebela, y cuando el pueblo se rebela el soberano está perdido” (Flora Botton 2021, 96).

Como se ve, en el pensamiento confuciano sí había una preocupación por la desigualdad entre clases sociales. Pero esto no quiere decir que hubiera una posición contra la estratificación social, ya que el confucianismo planteaba que era absolutamente necesaria una jerarquía para conservar el orden social y que una sociedad igualitaria sería ingobernable porque cada quién haría lo que su voluntad le indicara. El confucianismo defiende una sociedad estratificada, pero también pone atención en que las desigualdades no se vuelvan tan grandes y puedan amenazar la estabilidad política. Hay aquí un fundamento ético y político de la preocupación por las condiciones de vida de las clases bajas.

Las medidas contra la desigualdad excesiva

Las medidas en Qin

En general, la dinastía Qin no implementó políticas para mitigar la desigualdad entre los diferentes estratos de la sociedad. Tanto el legalismo como las medidas para acabar con el sistema fēngjiàn estaban orientados a fortalecer el Estado, dejando fuera la vinculación entre las desigualdades económicas y la estabilidad del sistema político. Probablemente, la constatación de que esta forma de gobierno había conducido al fortalecimiento del Estado Qin en el periodo de los Reinos Combatientes, y después a la conquista de los otros seis Estados, llevó a pensar a los ministros y teóricos del primer imperio que esa forma de gobierno podía continuar a una escala ampliada.

En el gobierno de Qín Shǐ Huáng los dos extremos de la desigualdad económica se encontraban dentro del grupo de los comunes. Los comerciantes, si bien no eran favorecidos por la concepción legalista de las actividades primarias y secundarias, en los hechos tenían una gran capacidad económica. Algunos casos que quedaron registrados dan fe del poder económico que alcanzaron: un artesano del hierro tenía una vida tan cómoda como la de un gobernante, otro artesano del hierro podía asociarse con un señor feudal para sus negocios, un ganadero incluso visitaba a Qín Shǐ Huáng y era recibido como señor feudal, lo mismo que una viuda dueña de una mina de cinabrio, quien también era recibida en la corte del primer emperador y tratada con honores de gran señora. El caso más ilustrativo es el de Lǚ Bùwéi, quien pasó de ser un próspero empresario a un marqués ennoblecido y llegó a ser consejero imperial. El primer emperador incluso lo llamaba “tío” (Qu 1972).

La buena relación entre el poder imperial y los ricos comerciantes expresa un entendimiento mutuo: más que dictar medidas para limitar el enriquecimiento de este grupo social, parece que el gobierno central veía con buenos ojos a estos ricos que no provenían de la aristocracia. Por el contrario, los campesinos pobres tenían ingresos muy escasos por su trabajo, debían pagar altos impuestos y además estaban obligados a participar en los trabajos forzados de las obras imperiales. La desatención del descontento permitió que creciera la revuelta de Chén Shèng, misma que inició la crisis final de Qin (Bodde 1938, 174).

Las medidas en Han

En contraste con la breve dinastía Qin, la dinastía Han se extendió por cuatro siglos, lapso en el que cambiaron las medidas que aplicó el gobierno imperial respecto a la desigualdad económica entre los estratos sociales.

En sus inicios, el gobierno tomó medidas de control contra los comerciantes e industriales para evitar perjuicios económicos, políticos y sociales que se podían derivar de la creciente desigualdad. Fue con el emperador Wu (156-87 a.n.e.) cuando las medidas contra el grupo de los comerciantes se consolidaron: se les elevaron los impuestos, en 117 a.n.e. se estableció el monopolio estatal sobre la sal y el hierro, dos productos con grandes márgenes de ganancia, y en 98 a.n.e. también se estableció el monopolio del Estado sobre el alcohol. Las medidas se implementaron fundamentalmente con dos objetivos: el primero fue ampliar los ingresos del Estado, puesto que el expansionismo territorial de Han demandaba mayores recursos para el cuidado de las fronteras y para el mantenimiento de los ejércitos; el segundo fue reducir el poder de los grandes comerciantes, industriales y artesanos, quienes habían acumulado riquezas tan grandes como para entorpecer las decisiones que tomaba el gobierno central. Además de los impuestos y el establecimiento de monopolios, a los comerciantes se les prohibió usar trajes de seda, montar caballos y llevar armas (Gernet 2005).

Otro aspecto importante en la primera parte de la dinastía Han es la propiedad de la tierra. El proceso de concentración de tierras que ya había iniciado con la dinastía Qin continuó bajo la nueva dinastía y los grandes terratenientes se volvieron un foco de tensión social respecto a los campesinos pobres. En vista de la potencialmente explosiva situación del campo, el gobierno central dictó en el siglo I a.n.e. decretos que limitaban las extensiones de las propiedades privadas (Gernet 2005). Como parte de esta política, el emperador Wu llegó a confiscar tierras y a ejecutar a grandes terratenientes (Botton 2019). A pesar de todas estas medidas, la desigualdad económica entre los estratos superiores y los inferiores no acortó.

El gobierno de Wáng Mǎng, del año 9 al 23 de nuestra era, tomó medidas más radicales para disminuir la desigualdad económica entre ricos y pobres. Estatalizó toda la propiedad de la tierra, así como todos los esclavos, se hicieron reformas monetarias y se emitieron nuevas piezas de moneda, con todo lo cual trataba de aumentar el poder del Estado y disminuir el poder de los grandes comerciantes, terratenientes e industriales. Las dificultades que surgen con estas reformas, así como las catástrofes naturales de la época, como el desbordamiento del río Amarillo, crearon las condiciones para que bandas de campesinos pobres se sublevaran y pusieran punto final a la breve dinastía Xin (Gernet 2005).

La rebelión de los Cejas Rojas fue derrotada y la dinastía Han continuó bajo el gobierno del emperador Guāngwǔ en el año 25. En la segunda parte de la dinastía las medidas dictadas contra los grandes comerciantes, terratenientes e industriales se eliminaron, reforzando el poder de los estratos sociales superiores. De hecho, el propio Guāngwǔ provenía de una clase de grandes terratenientes que se había rebelado varias veces contra el gobierno de Wáng Mǎng sin lograr su cometido. Al mismo tiempo que se eliminaron las medidas contra comerciantes, terratenientes e industriales, se eliminaron también los monopolios estatales que se habían establecido en la primera parte de la dinastía sobre el hierro, la sal y el alcohol. En este periodo floreció el comercio con Asia central, lo cual se reflejó en un mayor enriquecimiento de los estratos superiores.

A finales de la dinastía Han, en el siglo II, los estratos superiores se disputan el poder imperial mientras los estratos bajos comienzan a levantarse en armas. Por un lado, eunucos y terratenientes se enfrascan en luchas que le restan estabilidad política al imperio. Por el otro, los campesinos empobrecidos de la región de Sichuan se rebelan guiados por concepciones mesiánicas cercanas al daoísmo (doctrina de las cinco medidas de arroz) y en la región de Shandong surge la sublevación de los Turbantes Amarillos, también inspirada en ideas daoístas. Las rebeliones campesinas dieron la pauta para la fragmentación definitiva de la dinastía Han, que llegó a su final el año 220.

Conclusiones

Las tendencias a aumentar la desigualdad económica entre los estratos sociales de las dinastías Qin y Han fueron una fuente de tensiones políticas que amenazaron permanentemente la estabilidad del imperio. Los esfuerzos del gobierno imperial por impedir que las desigualdades económicas se tradujeran en desestabilización política fueron diferentes en Qin y Han. La primera dinastía aplicó los preceptos legalistas para fortalecer al Estado imperial y confió la estabilidad al cumplimiento riguroso de la ley. En lo referente a las medidas para limitar la desigualdad, la dinastía Qin prácticamente no intervino más que en el debilitamiento de la aristocracia tradicional, pero permitió que la riqueza y el poder de los comerciantes, industriales y artesanos aumentaran mientras en el otro extremo los estratos inferiores se veían explotados por los terratenientes, los impuestos y los trabajos forzados. Finalmente, las tensiones políticas estallaron en los levantamientos campesinos que acabaron con la dinastía.

Las medidas de la dinastía Han contra la excesiva desigualdad económica se pueden dividir en tres momentos: Han occidental, Wáng Mǎng y Han oriental. Los primeros Han implementaron fuertes medidas contra comerciantes, industriales, artesanos y terratenientes en aras de obtener más ingresos para las arcas del Estado y para disminuir la desigualdad entre los estratos sociales superiores e inferiores. Partiendo de los principios confucianos, los gobernantes asumían que el bienestar y la felicidad del pueblo eran el fundamento de su legitimidad, y que un pueblo descontento podía significar la caída del soberano en turno.

Con Wáng Mǎng las medidas se radicalizaron y toda la propiedad de la tierra pasó a manos del Estado. Asimismo, las reformas monetarias y económicas buscaban disminuir la capacidad económica de los estratos sociales más altos. Es Wáng Mǎng quien expresa de manera más abierta su preocupación por las condiciones de vida de los campesinos pobres. Sin embargo, las medidas fracasan y la estabilidad política se ve quebrantada por los levantamientos tanto de los campesinos pobres como de los estratos superiores. Se considera que las reformas económicas de Wang Mang eran una aplicación más cercana al confucianismo que las reformas de los primeros Han.

Por último, los segundos Han eliminaron las restricciones al comercio y eliminaron también los monopolios estatales impuestos por los primeros Han, permitiendo que los comerciantes, artesanos, industriales y terratenientes se enriquecieran aceleradamente. Otro factor que contribuyó a ello fue la ruta comercial de Asia central, la cual comenzó a tener gran dinamismo en el siglo I de nuestra era. Al desatender la creciente desigualdad económica, las condiciones de los estratos inferiores se deterioraron y buscaron opciones de vida en las sociedades milenaristas que surgieron a finales del siglo II. Las rebeliones de los Turbantes Amarillos y la doctrina de las cinco porciones de arroz, más las disputas entre terratenientes y eunucos en la corte, acabaron con la poca estabilidad política que todavía quedaba en Han.

Cabe resaltar que el legalismo y el confucianismo, así como la dinastía Qin y la dinastía Han, defendían la existencia de una estratificación social bien definida como condición indispensable para mantener un orden. Donde sí hubo diferencias entre el legalismo y el confucianismo fue en la conveniencia de mantener las desigualdades económicas acotadas a ciertos límites como mecanismo para prevenir la inestabilidad política: el legalismo y la dinastía Qin no lo consideraron necesario y no tomaron medidas al respecto; el confucianismo, los primeros Han y Wáng Mǎng sí se preocuparon por ello y tomaron medidas, mientras los segundos Han ya no lo hicieron. Ante la ausencia de medidas para limitar la desigualdad (Qin) o la insuficiencia de ellas (Han), los estratos más bajos de la jerarquía social se sublevaron. Para decirlo con Xúnzǐ, el barco-soberano se hundió en un mar-popular que ya no lo apoyaba.


Ehécatl Lázaro es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

Bibliografía

Bodde, Derk. China’s first unifier. A study of the Qin Dynasty as seen in the life of Li Ssu. Leiden: Brill, 1938.

Botton, Flora. Historia mínima de China. México: El Colegio de México, 2019.

Fairbank, Denis Twitchett y John K. The Cambridge History of China. Volume 1: The Ch’in and Han empires. Cambridge: Cambridge University Press, 1986.

Flora Botton, Jose Antonio Cervera y Yong Chen. Historia mínima del confucianismo. México: El Colegio de México, 2021.

Folch, Dolors. La construcción de China. El periodo formativo de la civilización china. Barcelona: Península, 2002.

Gernet, Jacques. El mundo chino. Barcelona: Crítica, 2005.

Graham, Angus Charles. El Dao en disputa. La argumentación filosófica en la China antigua. México: FCE, 2012.

Qu, Tongzu. Han social structure. Tokyo: University of Tokyo Press, 1972.

Wu, Geng. «Fundamentos de la doctrina del Estado de Han Fei.» Revista Derecho del Estado, 2002: 89-112.

WordPress.com.