América Latina en el pensamiento de Mao Zedong

ENSAYO Por: Ehécatl Lázaro

América Latina en el pensamiento de Mao Zedong

Por Ehécatl Lázaro
Diciembre 2021

Sin embargo, de la baja intensidad que tuvieron las relaciones entre China y América Latina no se desprende que América Latina no ocupara un lugar en el pensamiento de Mao Zedong, el líder más destacado del Partido Comunista de China y la figura con más poder en el gobierno chino desde 1949 hasta su fallecimiento en 1976. En diversas conversaciones que sostuvo Mao con personajes latinoamericanos que visitaron China, es posible observar el interés que mostraba el líder chino por la situación de América Latina y el análisis que hacía de la región a partir de su concepción geopolítica fundada en el marxismo-leninismo.

En este ensayo se revisa someramente la concepción de Mao sobre América Latina desde dos perspectivas: una general y otra casuística. En la perspectiva general se incluye la visión bipolar del mundo, las zonas intermedias y la teoría de los tres mundos. En la perspectiva casuística se revisan las ideas de Mao sobre países determinados de América Latina. Para esta segunda perspectiva se revisaron las conversaciones entre Mao y algunas visitas latinoamericanas, cuyas transcripciones se encuentran en el Woodrow Wilson Internacional Center. Una revisión minuciosa de todas las conversaciones de Mao con personajes latinoamericanos seguramente arrojaría resultados más significativos, pero un proyecto de esa magnitud rebasa los límites de este ensayo.

La perspectiva general

1. Los dos campos: imperialismo y socialismo

En el discurso que pronunció el 30 de junio de 1949, en conmemoración del 28 aniversario del Partido Comunista de China, Mao Zedong delineó un principio general que definiría la política exterior de China durante las décadas de 1950 y 1960[1]. En ese discurso, en el que Mao anunció públicamente que la nueva China se inclinaría hacia el lado de la Unión Soviética, Mao también expresó la concepción de que el mundo estaba dividido en dos campos de países: los imperialistas y sus lacayos, con Estados Unidos a la cabeza, y los países socialistas, con la Unión Soviética como principal fuerza. En esta lucha no existían terceras vías, opciones intermedias o posiciones neutras: todos los países pertenecían a un campo u otro.

De acuerdo con el marxismo-leninismo que defendía Mao, el imperialismo era la fase más avanzada del capitalismo y al mismo tiempo la antesala del socialismo[2]. Después de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se había convertido en la principal potencia capitalista y era el país con mayor peso en las relaciones de dominación y explotación de los países colonizados. Pero Estados Unidos no era el único, pues también los países europeos como Inglaterra, Francia, Holanda, Alemania, Japón, entre otros, formaban parte de ese bloque.

En el otro extremo estaban la Unión Soviética y las Democracias Populares de Europa del este. Pertenecer al bloque socialista tenía implicaciones que iban más allá de las relaciones de amistad y alianza con la Unión Soviética y Europa del este. Implicaba también desplegar una política exterior que se basara en el internacionalismo proletario, según el cual la clase obrera de todo el mundo debía apoyarse mutuamente en la lucha contra el imperialismo para avanzar en la construcción de una sociedad global socialista.

En este esquema teórico sostenido por Mao a finales de la década de 1940 y principios de 1950, América Latina ocupaba, junto a Asia y África, el lugar de los países víctimas del imperialismo. En esas tres regiones la mayoría de los países estaba gobernada por burguesías locales cuya actividad les servía a las burguesías de los países imperialistas para mantener la dominación. La lucha contra el imperialismo era la lucha por el triunfo de las fuerzas comunistas sobre los gobiernos lacayos del imperialismo de América Latina, Asia y África.

2. Los dos campos y las zonas intermedias

A finales de la década de 1950 Mao modificó su concepción de la geopolítica internacional, añadiendo nuevos términos que matizaban su anterior idea de los dos campos. En 1958, en una conversación que sostuvo con un par de periodistas brasileños, el líder chino señaló que su anterior concepción de los dos campos no era aplicable a todos los países, pues algunos no pertenecían ni al campo imperialista ni al socialista, sino que eran países nacionalistas; tal era el caso de India, Indonesia y la República Árabe Unida[3]. En esta conversación se prefiguraba el término de zonas intermedias que más tarde Mao explicitó. Algunos analistas rastrean el mismo término en un año tan anterior como 1946, en una conversación que tuvo Mao con la corresponsal estadounidense Anna Louise Strong[4].

Cuando Mao empleó este término de manera más desarrollada fue en septiembre de 1963, en una conferencia del Comité Central del Partido Comunista de China[5]. En su discurso, Mao expresó que había dos zonas intermedias: una era América Latina, Asia y África, y la otra Europa, Japón y Canadá. Los países atrasados económicamente de América Latina, África y Asia, y los países económicamente avanzados e imperialistas de Europa, Japón y Canadá, compartían la característica de que se oponían al imperialismo estadounidense, aunque en el caso de los países imperialistas esta oposición se debía a la defensa de sus propios intereses nacionales imperialistas.

La Conferencia de Bandung de 1955 se realizó bajo este cambio de perspectiva impulsado por Mao. Asimismo, en la segunda mitad de la década de 1950, y luego con mayor fuerza en la década de 1960, la disputa sino-soviética tuvo una impronta importante en la reconceptualización del nacionalismo dentro del esquema de los dos campos. Así como había países en zonas intermedias respecto al imperialismo estadounidense, también los países de Europa del este se encontraban en una zona intermedia respecto al social-imperialismo soviético.

3. Los tres mundos

En la década de 1970 Mao nuevamente modificó su perspectiva general sobre la geopolítica mundial. En conversación sostenida en 1974 con Kenneth Kaunda, presidente de Zambia, Mao le expuso a este su concepción de los tres mundos[6]. En el primer mundo se encontraban Estados Unidos y la Unión Soviética, caracterizados como poseedores de bombas atómicas y como los países más ricos; en el segundo mundo, países de nivel económico medio, como los europeos, Japón, Australia y Canadá, quienes no poseían bombas atómicas y eran menos ricos que los países del primer mundo; y en el tercer mundo se encontraban todos los países de América Latina, África y Asia, con excepción de Japón. Después de la muerte de Mao, en la segunda mitad de la década de 1970, esta concepción de los tres mundos fue tomada por Deng Xiaoping.

Estas perspectivas generales que tuvo Mao sobre América Latina influyeron decisivamente en la política exterior que desplegó China con los países de la región[7]. La política de pueblo a pueblo que se sostuvo entre 1949 y 1969, respondía fundamentalmente al internacionalismo proletario del marxismo-leninismo, por un lado, y por el otro a la imposibilidad de mantener relaciones diplomáticas con un conjunto de países que no reconocían a Beijing sino a Taipéi como verdadero representante de toda China. A partir de 1970, después del acercamiento entre la administración Nixon y Mao, los países latinoamericanos comenzaron a reconocer a Beijing como representante de toda China (solo Cuba lo había hecho antes, en 1960) y se inició una nueva etapa consistente en cuidar el estatus diplomático. La no ruptura de relaciones con Chile después del golpe de Estado de 1973 se enmarca en este escenario de búsqueda de reconocimiento diplomático y disputas con la Unión Soviética.

Los casos nacionales

Entre 1949 y 1970 Zhou Enlai estableció una política en la cual China y América Latina debía “desarrollar intercambios de pueblo a pueblo, esforzarse por establecer relaciones amistosas y desarrollar relaciones económicas y culturales, para gradualmente avanzar hacía el establecimiento de relaciones diplomáticas”[8]. En ese contexto, alrededor de 1,200 personas de 19 países latinoamericanos visitaron China entre 1950 y 1959, mientras que China envió 16 delegaciones culturales, artísticas, económicas y comerciales a América Latina.

El perfil de los visitantes latinoamericanos fue muy variado. De México, por ejemplo, fueron comunistas como Vicente Lombardo Toledano (1949), artistas como David Alfaro Siqueiros (1956), filósofos como Eli de Gortari (1954), escritores como Fernando Benítez (1952) y expresidentes como Lázaro Cárdenas (1959) y Emilio Portes Gil (1960)[9]. Paralelamente a las visitas de las personalidades culturales, científicas y políticas, hubo todo un movimiento de comunistas mexicanos interesados en la experiencia china, algunos de los cuales recibieron capacitación sobre el pensamiento y la acción del maoísmo, como Florencio Medrano, fundador del Partido Proletario Unido de América[10].

Como México, todos los países latinoamericanos enviaron a China personalidades destacadas para alimentar la relación pueblo a pueblo, y comunistas que buscaban aprender de la experiencia china para hacer la revolución en sus países y avanzar en la construcción del socialismo. Sin embargo, en las conversaciones de Mao Zedong conservadas en el Woodrow Wilson International Center, ninguna de las entrevistas tiene como interlocutor a un representante mexicano. En ese sentido, los países que destacan son Cuba y Brasil, pero también hay registros con representantes de Guatemala, Chile, Perú y Ecuador. A través de estas conversaciones es posible aproximarse a las ideas que tenía Mao sobre América Latina en las décadas de 1950 y 1960.

1. Cuba

Cuba fue el primer país de América Latina en reconocer diplomáticamente a Beijing (1960) y también fue el país con el que más intercambios hubo. Las conversaciones de Mao registradas se distribuyen de la siguiente forma: tres en 1960, tres en1961, dos en 1963 y una en 1966. Los interlocutores de Mao son: Blas Roca Calderio (Partido Comunista de Cuba), Ernesto Guevara, Osvaldo Dorticos (presidente de Cuba) y delegaciones culturales, sindicales y de mujeres.

Entre todos sus interlocutores cubanos, con quien Mao tiene una relación de mayor confianza es con Blas Roca Calderio (1960), comunista cubano con el cual había trabado conversación en 1956[11]. A Mao le interesa vivamente conocer el proceso de la Revolución Cubana y saber qué posición asumirá en el escenario geopolítico mundial. Le queda claro el carácter imperialista de la revolución y siente simpatía por Fidel Castro, pero le inquieta que ni él ni Ernesto Guevara sean comunistas declarados. Inquiere sobre la visita de Fidel a Estados Unidos en 1959, sondea la relación que hay entre el Partido Comunista y el Movimiento 26 de Julio y se pregunta hasta qué punto controlan realmente los comunistas el proceso revolucionario.

A partir de la conversación con Roca se infiere que Mao se siente esperanzado por el triunfo de la Revolución Cubana, pero tiene pocas certezas sobre el curso que puedan tomar sus líderes. Por otro lado, considera que el caso de Cuba puede ejercer gran atracción entre los pueblos latinoamericanos, al mismo tiempo que le preocupa una posible invasión armada de Estados Unidos, en alianza con sus países aliados de la región. Pregunta por el movimiento revolucionario en República Dominicana y muestra un vivo interés por la situación revolucionaria en los demás países de América Latina.

A lo que más atención le presta Mao, a petición de Roca, es al programa que llevará a cabo la revolución cubana. Moa le aconseja a Roca que en Cuba, como en todos los países de América Latina, Asia y África, los revolucionarios deben aplicar el marxismo-leninismo a sus propias circunstancias nacionales. Lo que haga Cuba, sostiene Mao, es fundamental para la lucha contra el imperialismo estadounidense, pues al ser el primer país socialista de América Latina, y al ser un pequeño país a poca distancia de Estados Unidos, la isla se volverá un referente no solo para la región sino para todo el mundo.

Ese mismo año, pero siete meses después, Mao conversó con Ernesto Guevara[12]. Le pregunta si el modelo de la revolución cubana puede funcionar en los otros países de América Latina y cuestiona a Guevara concretamente sobre la situación revolucionario en Perú, Colombia, Guatemala, Nicaragua y República Dominicana. Un aspecto destacable de la conversación entre Mao y Guevara es que el líder chino le insinúa un reclamo al cubano al señalarle que el año anterior Guevara había visitado todos los países grandes de Asia con excepción de China. En el contexto de la disputa sino-soviética, que en 1960 todavía no se desarrollaba totalmente pero ya estaba en camino, a Mao parece preocuparle que Cuba se incline por la Unión Soviética y no por China. Quizá también por eso, o solo como gesto de cortesía, Mao halaga a Guevara comentando un artículo suyo publicado en la revista cubana Verde Olivo.

Además de esas delegaciones culturales, en 1961 Mao habló con el presidente de Cuba, Osvaldo Dorticos[13]. En dicha conversación Mao compartió impresiones con el presidente cubano sobre las dificultades de reconstruir la economía después de la revolución y sobre las relaciones diplomáticas de Cuba, pero no se explayó en otros temas. Destaca la simpatía que expresa Mao por el gobierno del brasileño Joao Goulart, quien había visitado China en 1960 y había formado buenas relaciones con el líder chino.

En sus conversaciones con las delegaciones culturales cubanas de 1961, Mao no entabla conversaciones directamente con otro interlocutor, sino con grupos de jóvenes interesados en hacer la revolución en América Latina[14]. Le interesa que los pueblos de América Latina no sigan el modelo cubano a priori, sino que cada pueblo decida por sí mismo si lo adopta o no. Este comentario pudiera estar relacionado con el contexto de la disputa sino-soviética, aunque parece más probable que simplemente fuera un “consejo revolucionario” de no aplicar mecánicamente experiencias de otros países a los movimientos revolucionarios propios.

En 1966 Mao ya habla abiertamente contra los revisionistas soviéticos[15]. Con el apoyo de la Revolución Cubana, opina, es posible que la revolución se extienda por toda América Latina y que Estados Unidos vea incendiado su patio trasero. Ante este escenario, y en clara alusión a los partidos comunistas pro-soviéticos, Mao advierte que algunos partidos que se hacen llamar revolucionarios en realidad no lo son, pero es posible que la revolución latinoamericana triunfe, pues sí hay genuinos movimientos revolucionarios en Venezuela, Perú, Colombia, Uruguay, Chile, Argentina, Ecuador, México, Guatemala, Nicaragua, Haití y República Dominicana.

2. Brasil

En 1958 Mao se reunió con los periodistas brasileños Mariudim y Dotere[16]. La conversación es interesante porque Mao defiende su idea de las zonas intermedias y señala que los países nacionalistas no necesariamente pertenecen al campo imperialista o al socialista, pero con el hecho de oponerse al imperialismo para lograr sus intereses nacionalistas ya estaban aportando a la lucha contra el campo imperialista sin necesidad de declararse partidarios del socialismo.

Mao observa con especial interés el proceso revolucionario en Brasil. Quizá no por su desarrollo real sino por lo que representa el país en América Latina. En su conversación de 1959 con Plínio de Arruda Sampaio, Mao afirma que, por su tamaño territorial, por su población y por sus recursos, Brasil puede jugar un rol muy importante en la región. Un país con las dimensiones de Brasil bien puede ayudar a Cuba o Venezuela, piensa. En esta misma línea de razonamiento, Mao plantea la posibilidad de integrar a todos los países latinoamericanos en un gran país, pues algunos países son tan pequeños que los imperialistas pueden “comérselos de un mordisco”. Mao cae inesperadamente en la idea de Bolívar y Martí de formar una gran entidad política con todos los países de América Latina para hacerle frente al imperialismo estadounidense.

3. Guatemala

El gobierno de Jacobo Árbenz fue derrocado en 1954 por un golpe de Estado promovido por Estados Unidos. Dos años después, Árbenz estaba en Beijing conversando con Mao Zedong[17]. La conversación registrada es larga. En ella, Mao se solidariza con Árbenz, lo anima a continuar la lucha antiimperialista y le advierte que el pueblo de Guatemala y América Latina debe buscar su propia forma de luchar contra el imperialismo. La experiencia china no puede ser copiada, dice Mao, sino solo usada como referencia. Con Árbenz, que era nacionalista pero no comunista, Mao no habla en términos de marxismo-leninismo ni de revolución socialista, sino solo de luchar conjuntamente contra el imperialismo de Estados Unidos.

4. Perú

Esta conversación registra una entrevista que en 1964 mantuvieron Mao y un grupo de estudiantes jóvenes provenientes de varios países de África y América Latina, entre los cuales destaca un delegado peruano[18]. La relevancia de esta transcripción radica en el análisis que hace Mao sobre el papel que puede desempeñar la burguesía nacional en la lucha contra el imperialismo. El comentario de Mao sobre la situación de Perú y las posibilidades de una revolución se detona después de que el estudiante peruano le preguntara qué esperanzas tenía para Perú. Según Mao, el futuro de Perú, como el de todos los países latinoamericanos, era derrocar al imperialismo. Pero en esa lucha, advierte Mao, es necesario contar con la burguesía nacionalista, la cual no comparte los intereses del imperialismo y puede colaborar en la lucha. También es necesario que el movimiento revolucionario no se pliegue a la línea de los revisionistas soviéticos, dice, quienes buscan impedir la revolución para mantener el statu quo imperialista.

5. Chile y Ecuador

Mao conversó con una delegación de periodistas chilenos en 1964, aunque la plática versó más sobre otros temas que sobre Chile[19]. Se muestra en la plática la preocupación de Mao por la situación de Brasil luego del golpe de Estado que derrocara a Goulart. Con la delegación cultural ecuatoriana, la conversación de 1961 no es sobre temas relacionados con el imperialismo sino sobre el uso que se puede hacer de la herencia cultural de los países para contribuir a la revolución socialista[20].

Conclusiones

La visión de Mao Zedong sobre América Latina en las décadas de 1950 y 1960, estuvo determinada por un conjunto de factores como la geografía, las relaciones de China con los países de la región, la disputa sino-soviética y el rol de América Latina en el sistema teórico del marxismo leninismo. Para Mao, América Latina (junto a Asia y África) era una pieza clave en la lucha contra el imperialismo, pero al mismo tiempo era una región muy lejana de China y con la cual casi no existían relaciones comerciales o diplomáticas. A pesar de que no ocupaban su interés tanto como Asia y África, en las décadas de 1950 y 1960 Mao mantuvo un vivo interés por lo que ocurría en los países de América Latina, tal como lo muestran las conversaciones registradas en el Woodrow Wilson International Center.

Mao concibió a América Latina de distinta manera conforme evolucionaba su forma de entender el sistema internacional. Al principio, bajo la idea de los dos campos (el imperialista y el socialista), América Latina formaba parte del campo imperialista, por lo que las clases obreras latinoamericanas debían luchar contra sus gobiernos lacayos para establecer una sociedad socialista. Después, en el contexto de la disputa sino-soviética, Mao planteó que los países de América Latina no necesariamente pertenecían al imperialismo o al socialismo, sino que podían tener posiciones nacionalistas, lo que él llamó zonas intermedias. Por último, la teoría de los tres mundos colocaba a América Latina al lado de China como parte del tercer mundo, mientras equiparaba a Estados Unidos con la Unión Soviética al colocar a ambas potencias como parte del primer mundo. Así, a pesar de la evolución de su pensamiento, América Latina siempre jugó un papel fundamental en la lucha contra el imperialismo, ya fuera el estadounidense, primero, o el soviético, después.

En términos nacionales, Mao conocía poco la situación de los países de América Latina. En sus conversaciones con representantes cubanos, brasileños, guatemaltecos, peruanos, chilenos y ecuatorianos, Mao trata de conocer la composición social y demográfica, el clima, la situación económica y el ánimo de la clase obrera de cada país. Es un hombre en busca de información. Su interés, en línea con su pensamiento marxista-leninista, es siempre contribuir a la transformación revolucionaria de los países latinoamericanos, para lo cual interroga a sus interlocutores y les ofrece sus concejos. Así, por ejemplo, insiste en que la experiencia china o la experiencia cubana no deben ser tomadas como modelos a seguir por los otros países latinoamericanos, sino que cada país debe aplicar el marxismo-leninismo a sus propias condiciones locales. Aconseja también formar alianzas con la burguesía nacionalista para luchar contra el imperialismo, o unir a toda América Latina en un mismo país para que el imperialismo no pueda aprovecharse de los países chicos de la región.

Por último, a partir de las conversaciones revisadas se observa que Mao Zedong les atribuye a Cuba y Brasil los principales roles en la lucha contra el imperialismo en América Latina. En el caso de Cuba, al ser el primer país latinoamericano que hizo una revolución socialista, Mao cree que puede funcionar como un imán que atraiga a los pueblos de la región para luchar contra el imperialismo. En el caso de Brasil, el tamaño del país lo convierte en una plataforma privilegiada para apoyar a otros países. Por lo menos hasta antes del golpe de Estado de 1964, las probabilidades de que Brasil se convirtiera en una avanzada contra el imperialismo estadounidense, con el gobierno de Goulart, a Mao le parecían muy altas.

Para tener una imagen más completa del lugar que ocupó América Latina en el pensamiento de Mao Zedong sería necesario hacer una revisión detallada de las conversaciones que sostuvo el líder chino con los visitantes latinoamericanos que se entrevistaron con él. Pekín Informa y otras publicaciones de la época pueden servir como base para un análisis más ambicioso sobre este mismo tema.


Ehécatl Lázaro cursa una maestría en Estudios de China en El Colegio de México y es investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.


[1] Mao Zedong (1949), “On the people’s democratic dictatorship: in commemoration of the twenty-eight anniversary of the communist party of China”, Woodrow Wilson International Center, p. 4.

[2] Véase Lenin (1916), Imperialismo, fase superior del capitalismo.

[3] Mao Zedong (1958), “Fight for national independence and do away with blind worship of the West”, Woodrow Wilson International Center, p. 1.

[4] Mao Zedong (1946), “Talk with the American correspondent Anna Louise Strong”, Woodrow Wilson International Center, p. 1.

[5] Mao Zedong (1963), “There are two intermediate zones”, Woodrow Wilson International Center.

[6] Mao Zedong (1974), “On the question of the differentiation of the three worlds”, Woodrow Wilson International Center.

[7] Zheng Bingwen (2012), “The present situation and prospects of China-Latin American relations: review of the history since 1949”, en He Shuangrong, China-Latin American relations: review and analysis, p. 1.

[8] Ibid, p. 2.

[9] Luis Abraham Barandica (2013), De viajeros, ideas y propaganda. Latinoamérica y la China Popular, Palabra de Clío.

[10] Paul Lawrence (2016), “De revolucionarios a colaboradores”, en Istor, Maoísmos en la historia, p. 10.

[11] Mao Zedong (1960), “Excerpts of the Memorandum of the conversation between Mao Zedong and Blas Roca Calderio”, Woodrow Wilson International Center.

[12] Mao Zedong (1960), “Memorandum of conversation between Mao Zedong and Ernesto Che Guevara”, Woodrow Wilson International Center.

[13] Mao Zedong (1961), “Memorandum of conversation between Mao Zedong and Cuban president Osvaldo Dorticos”, Woodrow Wilson International Center.

[14] Mao Zedong (1963), “Talk on June at a meeting with Cuban delegations of culture, trade unions, youth, etc.”, Woodrow Wilson International Center.

[15] Mao Zedong (1966), “Remarks at a Meeting with Friends from Japan, Cuba, Brazil and Argentina”, Woodrow Wilson International Center.

[16] Mao Zedong (1958), “Fight for national independence and do away with blind worship of the West”, Woodrow Wilson International Center.

[17] Mao Zedong (1956), “Conversation from audience with former president Árbenz of Guatemala and his wife”, Woodrow Wilson International Center.

[18] Mao Zedong (1964), “Remarks at a meeting with delegations of young students from Africa and Latin America”, Woodrow Wilson International Center.

[19] Mao Zedong (1964), “Talk to a delegation of Chilean journalists”, Woodrow Wilson International Center.

[20] Mao Zedong (1961), “Chairman Mao’s conversation with Cuban women’s delegation and Ecuadorian cultural delegation”, Woodrow Wilson International Center.

Obras consultadas

Fuentes primarias

Mao Zedong (1946), “Talk with the American correspondent Anna Louise Strong”, Woodrow Wilson International Center.

Mao Zedong (1949), “On the people’s democratic dictatorship: in commemoration of the twenty-eight anniversary of the communist party of China”, Woodrow Wilson International Center.

Mao Zedong (1956), “Conversation from audience with former president Árbenz of Guatemala and his wife”, Woodrow Wilson International Center.

Mao Zedong (1958), “Fight for national independence and do away with blind worship of the West”, Woodrow Wilson International Center.

Mao Zedong (1960), “Excerpts of the Memorandum of the conversation between Mao Zedong and Blas Roca Calderio”, Woodrow Wilson International Center.

Mao Zedong (1960), “Memorandum of conversation between Mao Zedong and Ernesto Che Guevara”, Woodrow Wilson International Center.

Mao Zedong (1961), “Chairman Mao’s conversation with Cuban women’s delegation and Ecuadorian cultural delegation”, Woodrow Wilson International Center.

Mao Zedong (1961), “Memorandum of conversation between Mao Zedong and Cuban president Osvaldo Dorticos”, Woodrow Wilson International Center

Mao Zedong (1963), “Talk on June at a meeting with Cuban delegations of culture, trade unions, youth, etc.”, Woodrow Wilson International Center.

Mao Zedong (1963), “There are two intermediate zones”, Woodrow Wilson International Center.

Mao Zedong (1964), “Remarks at a meeting with delegations of young students from Africa and Latin America”, Woodrow Wilson International Center.

Mao Zedong (1964), “Talk to a delegation of Chilean journalists”, Woodrow Wilson International Center.

Mao Zedong (1966), “Remarks at a Meeting with Friends from Japan, Cuba, Brazil and Argentina”, Woodrow Wilson International Center.

Mao Zedong (1974), “On the question of the differentiation of the three worlds”, Woodrow Wilson International Center.

Fuentes secundarias

Luis Abraham Barandica (2013), De viajeros, ideas y propaganda. Latinoamérica y la China Popular, Palabra de Clío.

Paul Lawrence (2016), “De revolucionarios a colaboradores”, en Istor, Maoísmos en la historia.

Zheng Bingwen (2012), “The present situation and prospects of China-Latin American relations: review of the history since 1949”, en He Shuangrong, China-Latin American relations: review and analysis.

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