Las grietas persistentes de la educación

OPINIÓN Por: Pablo Hernández Jaime

Las grietas persistentes de la educación

Por Pablo Hernández Jaime
Diciembre 2021

Nuestro sistema educativo tiene una deuda histórica. Su reto es brindar educación pública, gratuita y de calidad a todas las mexicanas y mexicanos, garantizando, entre otras cosas, buenos aprendizajes y un desarrollo integral de sus capacidades, al mismo tiempo que reconoce y atiende las diferencias y desigualdades derivadas de sus condiciones socioeconómicas, culturales, de género y étnico-raciales, con el objetivo de compensar desventajas, construir equidad y no reproducir injusticias.

Lamentablemente, aún estamos lejos del objetivo. En términos ideales, la trayectoria educativa de una mexicana o mexicano tendría que durar, aproximadamente, 22 o 23 años, comenzando con la educación inicial, pasando por el preescolar, la primaria, la secundaria, el nivel medio superior y, finalmente, la universidad.

Sin embargo, son pocas las trayectorias que se acercan a este ideal. En principio, porque no hay cobertura suficiente. La educación inicial, por ejemplo, que se volvió obligatoria apenas en 2019, un año antes daba cobertura solo al 1.1% de su población objetivo.

En preescolar y primaria, las cosas mejoran. En este año, 2021, la cobertura neta en preescolar fue de 65.6% y en primaria fue de 97.4%. Estos resultados, sin embargo, representan un retroceso con respecto a 2017, cuando la cobertura neta fue de 74.3% y 98.4%, respectivamente.

En secundaria, este 2021, la cobertura neta fue de 84.2%, mientras en 2017 fue de 86.2%; Es decir, que, de cada 100 adolescentes en edad de cursar la secundaria, solo 84 lo están haciendo. 16 ya se quedaron en el camino; algunos, quizá, regresen a la escuela el año que viene, otros tal vez están rezagados, otros quizá tratan de obtener su certificado mediante examen, otros tal vez nunca vuelvan y otros más, en el peor de los casos, nunca entraron a la escuela.  

Sin embargo, el verdadero cuello de botella está en el nivel medio superior. Aquí, la cobertura neta fue de apenas el 62.2%, prácticamente la misma de hace cuatro años. Esto quiere decir que, de cada 10 jóvenes que, por su edad, deberían estar inscritos en alguna preparatoria, cuatro no lo están. E igual que antes, las razones pueden ser rezago, abandono o la ausencia total de escolarización. Pero eso no es todo. Porque de los estudiantes que están inscritos en alguna preparatoria, solo el 67.5% termina a tiempo. Y de los que logran terminar el bachillerato, solo el 63.6% entra a alguna universidad, mientras los demás quedan fuera. Y este año el cuello de botella fue aún mayor. La eficiencia terminal en bachillerato se mantuvo prácticamente igual que hace cuatro años. Y el ingreso de los egresados de nivel medio superior a la universidad, en cambio, presentó un retroceso. Hace cuatro años era de 73%, casi 10 puntos porcentuales mayor que este año.

Por todo esto, en educación superior, aun si incluimos el sistema abierto, aunque sin contar posgrado, la cobertura bruta es de solo el 42%. Es decir que, si tomamos a todas las personas inscritas en alguna universidad, sin importar su edad, estas representan apenas al 42% de la población que está en edad de cursar estudios superiores.

Pero hay otro indicador que es necesario mencionar y que refleja una dolorosa realidad. El analfabetismo, en pleno 2020, era de 4.7%. Lo que equivale a casi 4 y medio millones de personas que no saben leer ni escribir. Esto es aproximadamente 1.3 veces la población de Uruguay. Estas personas, no han ejercido, en absoluto, su derecho a la educación.

Todo esto, sin embargo, se refiere fundamentalmente a problemas de cobertura. Aún tendríamos que hablar de la gratuidad, que no se cumple porque muchas escuelas cobran cuotas, a veces bastante elevadas. Tendríamos que hablar de calidad, de aprendizajes, etcétera.

Estas son, sin embargo, algunas de las deudas históricas de la educación en México. Por supuesto, algunos de los retrocesos observados se explican por la pandemia y por el mal manejo político de la misma, que dejó en desprotección a muchas familias. Sin embargo, el problema está ahí y no es nuevo, pero sí urgente. Si queremos alcanzar un sistema educativo que construya equidad y justicia, estas son algunas de las necesidades más urgentes. Es aquí donde tenemos que ver resultados.


Pablo Hernández Jaime es Maestro en Ciencias Sociales por El Colegio de México e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

Referencias

https://www.planeacion.sep.gob.mx/estadisticaeducativas.aspx.

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