Por Alan Luna
Noviembre 2021

Elena Huerta Múzquiz es conocida por sus murales, a pesar de haber podido trabajar solamente en tres. Aún así, no es solamente su trabajo como muralista el que respalda su importancia como una artista que merece ser reconocida y cuya vida y obra deberían difundirse más entre nuestro pueblo.

Desde muy joven decide adherirse al Partido Comunista Mexicano cuando, proveniente de su natal Coahuila, se instala en la capital del país para continuar con su preparación en las artes, de esta forma se mantiene al tanto de los movimientos sociales de la época que influyen enormemente en sus temas, siempre orientados por el activismo político.

La historia de Elena Huerta, la “Nena”, como le decían de cariño, representa las condiciones que las mujeres artistas tenían que sortear en una época en la que el ámbito artístico estaba más bien dominado por los varones, en donde muchas veces el trabajo de las mujeres se limitaba a asistir a los muralistas hombres. Sin embargo, no solamente su condición de mujer, también sus posturas políticas, le trajeron inconvenientes para desarrollar plenamente sus capacidades creativas. No le fue fácil conseguir el trabajo de su primer mural: después de mucho buscar alguna oportunidad decidió pintar en Coahuila, en donde su familia tenía más influencia. Su primera oportunidad de pintar un mural fue en el hoy Tecnológico de Saltillo, ya que su cercanía con el gobernador de ese estado le abrió las puertas; sin embargo, se canceló el proyecto porque el director de la institución no estaba de acuerdo con el pensamiento político y la labor de la “Nena” Huerta. Fue poco después cuando el director de la Universidad Autónoma Agraria “Antonio Narro” la invitó a pintar un mural en la sede de dicha escuela, esta vez el proyecto logró concretarse, aunque no recibió el pago acordado por el trabajo.

El último de los murales que logró realizar ostenta el título de “el mural más grande hecho por una mujer en México”, lo cual es un gran mérito, tomando en cuanta la ausencia de oportunidades que tuve por ser mujer y comunista. En éste se narran 400 años de la historia de Saltillo, pretendiendo destacar los eventos importantes en el desarrollo histórico de todo el estado de Coahuila.

La etapa como muralista de Elena Huerta no fue extensa ni tan prolífica como la de otros muralistas reconocidos. Su labor como educadora y grabadora es también importante, sin embargo, en donde mejor se concentra la contradicción propia de la época es en los conflictos que rodearon sus murales dentro y fuera de su actividad como pintora: dentro porque en su temática se representa la vida cotidiana retratando la condición del campesino de la época, así como la esperanza de que las nuevas ideas influyan en la transformación real de la condición de los pobres de México; fuera, por las trabas políticas e ideológicas que no le permitieron desenvolverse como ella hubiera querido.

Su condición de mujer y su pensamiento de izquierda le mostraron la necesidad de convertir el arte en un arma para la transformación. Por todo esto, romper con las preconcepciones establecidas acerca de lo que era o no capaz una mujer artista fue uno de sus mayores logros. No fueron pocas las mujeres que intentaron figurar al lado de los grandes muralistas mexicanos, pero todas se encontraban con el mismo problema: pintar un mural en algún edificio importante era prácticamente imposible. Elena Huerta consiguió sumarse a la lista de muralistas mexicanas que lograron plasmar su nombre en la historia del arte mexicano.


Alan Luna es filósofo por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

Suscríbete al boletín semanal del CEMEES

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.