Por Betzy Bravo
Noviembre 2021

Causa tristeza y vergüenza ver cómo la educación nacional se ha convertido en una maquinaria productora de pobres mentalidades. En los últimos años, la Secretaría de Educación Pública (SEP) se ampara en el patriotismo y en toda clase de caretas para presumir lo “impecable”, lo “bello” y lo “humano” de la patria. Así ha sucedido, por ejemplo, con la conmemoración de la muerte del poeta zacatecano Ramón López Velarde y del centenario de la SEP, que hasta hace poco dejó de celebrarse.

Delfina Gómez Álvarez, titular de la secretaría de educación, dijo que el talento del poeta es herencia para generaciones futuras; explicó que el poema “Suave Patria” es uno de los mejores retratos de México: “patria rica en recursos naturales colmada de música y de fiestas, descrito en la lengua del amor, como dicen sus versos”, afirmó ufana. Y, con respecto a los cien años de la fundación de la SEP, refrendó su compromiso por construir una educación humana, de calidad, democrática e inclusiva, al tiempo que anunció que la conmemoración se haría a través exposiciones, seminarios y demás actividades artísticas y culturales.

Se puede, se debe y es necesario, conmemorar personas e instituciones con objetivos ilustres; pero lo que no se debe hacer es engañar con respecto a la realidad, a menos de que alguien prefiera quedarse en calidad mental infantil, repitiendo (y creyendo) los cuentos que nos hacían memorizar en la niñez. En las circunstancias actuales y de boca de la 4T, la proclama de los versos de Velarde y de la educación inclusiva prescrita por Vasconcelos tiene un fondo hueco, o cuando menos alejado, de la vida cotidiana y de la educación actual.

Con sus deficiencias y virtudes, México tiene que ser admitido. Nuestro país, rico pero injusto, es pobre y lleno de harapos; habría que partir desde el reconocimiento, para poder marchar hacia la corrección de los errores, en lugar de ampararse en actos patrióticos que intentan suprimir la cruel verdad.

La administración de López Obrador, que ha sabido dirigir a sus títeres para llevar a cabo la política de austeridad, imposibilita las vías para elevar la calidad de vida de la gente, en donde se considera el ámbito educativo. México ha sido envilecido por la mentira y el odio desde el púlpito presidencial, a través no solamente de las 80 mentiras lanzadas en las mañaneras, sino sobre todo a través de injusticias flagrantes como la eliminación de presupuesto a infraestructura y para la capacitación docente.

No hay inclusividad ni humanismo en el ámbito educativo. Por decir lo menos: hay más de cuatro millones de personas analfabetas, más de 800 mil dejaron la escuela y el rezago educativo pasó de 23.5 a 24.4 millones en el último año. La conveniencia enceguece a la funcionaria Delfina Gómez cuando le miente a la población al decir que hay avance y que la educación no empeoró con la pandemia, cuando en verdad están planteando sólo un 4% para infraestructura del presupuesto total de Educación para 2022, además de que plantean un recorte del 80% a los recursos de “Proyectos de infraesctructura social del sector educativo” con respecto a 2021.

Para redireccionar esta forma de vida se reclama que la SEP y el gobierno federal cubran las necesidades que deben cubrir obligatoriamente; no es honroso pasarla en conmemoraciones si en los hechos no hay un eco de éstas. Es urgente alcanzar la meta de federalizar la educación forjada en el siglo XX, es preciso que actuemos con estricta reciprocidad hacia las generaciones pasadas para construir el futuro, ya que ahora nuestra patria no es “impecable” y “diamantina”, como en “Suave Patria”, está sometida por la rapiña y la inequidad. En lugar de los versos cívicos de López Velarde, lo que retrataría verdaderamente nuestra tierra sería algo como lo escrito por Octavio Paz en “Razones para morir”:

Unos me hablan de la patria. 

Mas yo pensaba en una tierra pobre, 

pueblo de polvo y luz, 

y una calle y un muro

y un hombre silencioso junto al muro.


Betzy Bravo es licenciada en filosofía por la UNAM.

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