Por Samira Sánchez
Octubre 2021

Aunque lo que se lee en el título es una afirmación comprobada en varias ocasiones, ésta se refuerza nuevamente con el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación 2022. Por cuarto año consecutivo el presidente Andrés Manuel expone su propuesta de gasto de los recursos de la nación y por cuarto año el presidente tiene la oportunidad de mostrar cuáles son las prioridades de su gobierno. Uno de los rubros en que es visible que el gobierno no tiene como prioridad las necesidades de la gente más pobre es en la disminución del presupuesto en los esquemas de solución a la vivienda. En el Programa de Mejoramiento Urbano la reducción es de 51%, en el Programa Nacional de Reconstrucción la disminución fue de 3.6% y en el Programa Nacional de Vivienda el presupuesto para 2022 es el mismo que en 2021. En conjunto, la disminución del recurso para el mejoramiento de la vivienda es de 32%.

La propuesta de disminución del presupuesto se da en circunstancias en que las condiciones de vida de la población mexicana no muestran mejoría y más bien muestran evidente deterioro. Los datos registrados por Coneval en 2021 señalan un incremento del porcentaje de la pobreza en el país de 2.3%, cifra que implica 3.8 millones de nuevos pobres. Alguien podría refutar que en los indicadores de pobreza en la dimensión de vivienda disminuyeron. Por ejemplo, en el indicador de Calidad y espacios de la vivienda el porcentaje de población sin ella disminuyó de 11% a 9.3%, y en el indicador de Acceso a servicios básicos en la vivienda el porcentaje pasó de 19.6 a 17.9%.

Sin embargo, es importante aclarar que en la medición de la pobreza estos indicadores no reflejan la calidad del acceso a los derechos. Sobresale el caso del acceso a los servicios básicos, en los que el incremento obedece a la instalación de tubería en la vivienda. Sin embargo, no se considera el servicio de agua propiamente, que llegue agua limpia todos los días y con mantenimiento continuo en las tuberías. En la mayoría de las viviendas está la conexión, pero el agua llega unas cuantas horas a la semana y es de una calidad muy mala.

Además de los datos presentados por las estadísticas, en los años pasados fuimos testigos de los desastres que se detonaron por los fenómenos naturales. La débil infraestructura de las viviendas, de las comunidades y pueblos hicieron notable su vulnerabilidad. Huracanes dejaron a gente sin un lugar donde pasar la noche, ya sea por la ubicación o por lo precario de los materiales. Hubo también lluvias torrenciales que derivaron en inundaciones de ciudades enteras, por la mala o nula instalación del drenaje. Las necesidades de vivienda y de mejoramiento urbano por parte de la población han crecido en los últimos años ¿por qué el presupuesto no?

Por otro lado, según datos de la Cámara Nacional de Industria y Promoción de la Vivienda, en 2021, el precio de la vivienda se encareció. El acero se incrementó en 7% y el cemento alcanzó un aumento de 12%. Esto derivó en un alza en el precio final de la vivienda de 9%. En estas circunstancias se vuelve aún más urgente un aumento de presupuesto destinado a la vivienda, un presupuesto que genere empleos bien pagados, que esté respaldado por especialistas en medio ambiente e ingenieros que prioricen la seguridad y bienestar de la población para que no se repitan las últimas tragedias.

La necesidad de un presupuesto suficiente para que los mexicanos tengan una vivienda adecuada no es un capricho. El acceso a una vivienda adecuada es una condición necesaria para el desarrollo pleno del individuo. La carencia de una vivienda en condiciones decorosas para la vida de las personas se traspasa a otras actividades de la sociedad, como la productividad laboral, el desempeño de los niños en la escuela, entre otras cosas. Por eso, el gobierno debería estar más interesado para garantizar a todas las personas una vivienda adecuada. Aún falta que el presupuesto se discuta por los legisladores, pero se prevé que no sufra modificaciones sustanciales dado el alineamiento de los partidos de oposición con las medidas de recortes del presidente. 


Samira Sánchez es economista por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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