Por Arnulfo Alberto
Septiembre 2021

Introducción

La informalidad es un fenómeno generalizado en los países en desarrollo de todo el mundo. No es necesario mucho tiempo en las ciudades del Sur Global para ver de primera mano la omnipresencia de este fenómeno. Académicos, gobiernos y formuladores de políticas de todo el espectro político han tratado de darle sentido a este fenómeno y ofrecer alguna medida para reducir su tamaño o mitigar sus efectos con poco éxito.

 La Organización Internacional del Trabajo (OIT) publicó en 2018 un documento titulado “Mujeres y hombres en la economía informal: un panorama estadístico” donde estima que dos mil millones (61,2%) de la población ocupada mundial de 15 años y más son trabajadores informales. Mientras tanto, el Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat) ha enumerado la informalidad del empleo junto con el cambio climático, el agotamiento de los recursos, la rápida urbanización y la pobreza como uno de los principales desafíos para el desarrollo sostenible global en el siglo XXI (Huang et al, 2020).

Varios autores en diversos campos han señalado este problema como quizás el principal fracaso de la era neoliberal. Cypher (2017), por ejemplo, dice que “el mayor fracaso individual de las etapas neoliberales anteriores: la consolidación del sector informal como una reacción social a la ausencia total de cualquier política para abordar el espectacular aumento de las condiciones laborales de informalidad, marginalidad y precariedad”. Sin embargo, los teóricos neoliberales y los gobiernos, principalmente en el mundo en desarrollo, no han logrado proporcionar una explicación sólida sobre las raíces de la informalidad y cómo superarla.

Este artículo se centrará en las tres categorías principales de tradiciones económicas que buscan explicar el fenómeno de la informalidad en los países en desarrollo. Esta categorización sigue a Huang et al (2020) quienes argumentan que hay tres teorías principales, a saber, modernización, estructuralismo y neoliberalismo. Se argumentará que, dada la complejidad de este fenómeno y las deficiencias de toda teoría, la integración de estos paradigmas es la mejor manera de dar sentido a este problema persistente y generalizado en el sistema capitalista actual.

Definición de informalidad

Como se mencionó anteriormente, las configuraciones del mercado laboral no pueden entenderse en los países en desarrollo sin prestar especial atención a la informalidad. En el caso de México, por ejemplo, varios académicos y agencias sugieren que los trabajadores informales representan en promedio el 60% de la fuerza laboral. Sin embargo, no hay consenso con respecto a la definición de este concepto, que es visto principalmente por varios autores como un término general o general o una noción general que puede referirse a una economía informal, un sector o un tipo de empleo.

Guha-Khasnobis, Kanbur y Ostrom (2006), resumieron la discusión en curso sobre los esfuerzos de esta definición como:

“Dada la prominencia de la dicotomía formal-informal en el discurso del desarrollo, uno podría esperar ver una definición clara de los conceptos, aplicada consistentemente en toda la gama de análisis teóricos, empíricos y de políticas. No encontramos tal cosa. En cambio, resulta que lo formal y lo informal se consideran mejores metáforas que evocan una imagen mental de lo que el usuario tiene en mente en ese momento en particular (págs. 2-3)”.

No obstante, existe un amplio consenso sobre el componente de informalidad ya que generalmente se acepta que se refiere a una economía, un sector o tipo de empleo o trabajo. Fue hasta 2002, cuando la OIT implementó un conjunto de reglas para homogeneizar el alcance de este término para permitir su uso empírico en todos los países después de las deliberaciones de la Decimoséptima Conferencia Internacional de Estadísticos del Trabajo (XVII CIET).

En este sentido, Herrera et al (2012) definen al sector informal como las “unidades o empresas que no están registradas en las instituciones estadísticas o tributarias y no llevan cuentas escritas”. Para el empleo informal, Henley y Arabsheibani (2008) describen el empleo informal como cualquier forma insegura de actividad económica que puede adoptar la forma de “trabajo por cuenta propia o por cuenta propia, empleo en microempresas frágiles o actividad familiar, así como empleo cuando el empleador no proporciona un acceso adecuado a la protección social o al registro formal de cualquier relación contractual”.

Mientras tanto, la economía informal se puede definir como la suma del sector informal más el empleo informal en un país específico. O, como señaló recientemente la OIT, “el empleo informal es todo trabajo informal no agrícola: el número total de trabajadores informales en el sector doméstico, el sector informal y el sector formal (a través de subcontratación, subcontratación, empleo temporal, etc.)” (2014).

Se le atribuye al antropólogo Keith Hart (1971) haber sido el primero en utilizar el término sector informal. Describió la economía de Ghana como una economía dual donde vio el patrón descrito por el modelo teórico en esta tradición. Las ciudades de este país, particularmente en Accra, estaban experimentando un aumento de los movimientos de trabajadores de las áreas rurales, pero el mercado laboral urbano no podía emplearlos, por lo que los barrios marginales de las afueras comenzaron a expandirse (Clement, 2015). Llamó a estas actividades marginales en las que se emplea a personas que buscan sobrevivir en el sector informal en claro contraste con el sector formal. El año siguiente, 1972, la OIT publicó un estudio independiente, Programa mundial de empleo, que describe estos dos mismos sectores de Kenia. Este documento se aleja de la dicotomía tradicional/moderna del dualismo y enfatiza que estos nuevos términos “buscaban describir de manera más adecuada la dualidad sectorial en los países en desarrollo” (Clement, 2015) ya que ambos sectores, formal e informal, eran modernos en su visión, y la diferencia se determinó más bien por “la forma de hacer las cosas”, es decir, fácil acceso, uso de recursos indígenas, propiedad familiar, pequeña escala de negocios, sin regulación legal, sin educación o habilidades formales, y un entorno competitivo y otros factores que conducen a la exclusión voluntaria o involuntaria de las personas (Clement, 2015). Desde este primer esfuerzo por definirlo, el término sector informal ha sufrido una continua modificación en su definición que en gran medida amplió su significado como se mencionó anteriormente.

De hecho, la informalidad se entendía anteriormente como un concepto monolítico que se utilizaba para reunir un conjunto bastante improbable de empresas y trabajadores. Este ha demostrado ser un enfoque incorrecto. Para poder proponer políticas efectivas y viables que ayuden en el corto plazo a las personas en estas condiciones, se necesita un conocimiento más detallado de los trabajadores informales. Estudios recientes han arrojado más luz sobre fenómeno al proponer una nueva subdivisión de categorías.

El Proyecto de Informalidad del Instituto Mundial de Investigación en Economía del Desarrollo de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU-WIDER) adoptó recientemente el término estatus laboral para describir un tipo de empleo en el que participa un trabajador (Field, 2020). En este nuevo esfuerzo, hay una clasificación de los trabajadores utilizando cuatro variables, situación laboral, posición ocupacional, situación de formalidad y nivel superior / inferior, para determinar la situación laboral (Field, 2020). Este autor sostiene que esta clasificación puede responder preguntas más significativas en términos de ingresos laborales, empleo, ocupaciones y otras variables económicas y, por lo tanto, ofrecer recomendaciones de política más concretas.

Teorías

Aunque los enfoques de la informalidad son diversos. En este trabajo vamos a hacer una revisión de la literatura de las principales teorías, a saber, el enfoque neoclásico, el enfoque modernización/dualista y la perspectiva neomarxista.

Enfoque neoliberal

La visión neoclásica o individualista típicamente explica los resultados de la informalidad como una decisión voluntaria tomada por individuos que maximizan su utilidad al calcular el costo y los beneficios de conseguir un trabajo sea formal o informal. Por lo tanto, aquel es el resultado de una economía donde las regulaciones típicamente crean incentivos para que los agentes operen fuera del sistema regulatorio legal e institucional. Sin embargo, estudios recientes han revelado que hasta el 80% de los trabajadores informales son involuntarios (Duval, 2020). Además, nuevos trabajos empíricos han identificado que ambos puntos de vista pueden ser útiles para explicar este fenómeno bastante complejo.

Tradicionalmente, se creía que, con mayor crecimiento económico en los países en desarrollo, la informalidad disminuiría a medida que el sector moderno de la economía absorbería el excedente de población de los sectores de baja productividad. Contrariamente a esto, la tendencia ha demostrado que la informalidad es bastante duradera incluso en países con altas tasas de crecimiento. Esto ha llevado a algunos autores a cuestionar si estas formas aparentemente no capitalistas son inherentemente parte de la economía capitalista.

Luego de la crisis de la deuda de principios de los 80, en México se comenzó a implementar el modelo neoliberal. El nuevo modelo económico siguió una agenda de reformas estructurales que buscaban eliminar cualquier barrera al comercio internacional, remover cualquier restricción a los mercados, un papel mínimo para la intervención estatal, privatización de empresas públicas y una drástica reducción del gasto público.

Pero el neoliberalismo no ofrece una solución viable al problema de la informalidad, la marginalidad y la precariedad. Como en otros países, tuvo que surgir una nueva versión del neoliberalismo: el llamado neoliberalismo social, que busca aliviar cierta tensión entre la estructura económica de libre mercado y las necesidades de supervivencia de la población más vulnerable “a través de programas como seguros médicos, programas de asistencia y pensiones (no contributivas) para ancianos, seguro de desempleo y asistencia de colocación para desempleados, programas de asistencia social condicionados al trabajo, transferencias monetarias condicionadas y microfinanciamiento ”(Cypher, 2013; Puello-Socarrás y Gunturiz, 2013). Después de todo, el neoliberalismo nunca ha sido una doctrina rígida y se ha ajustado después de cada crisis en la estrategia de “fracaso hacia adelante” (Clement, 2015). Sin embargo, en lugar de abordar la cuestión del empleo estructural, el remedio propuesto es confiar en las políticas activas del mercado laboral o en transferencias monetarias condicionadas para combatir el desempleo y la informalidad. Cypher ve una relación clara entre el auge del neoliberalismo y el rápido aumento del sector informal. En el período desarrollista, 1950-1970, debido a la falta de una política de empleo coherente, el sector informal se expandió alcanzando el 24% de la fuerza laboral en 1980. Pero bajo el neoliberalismo, el porcentaje llegó a más de la mitad de la fuerza laboral.

En esta visión aparentemente nueva, la informalidad es también un resultado permanente de la economía, por lo que su objetivo es proporcionar medios para aumentar los activos de los trabajadores o empresas de este sector a través de la capacitación, la escolarización o la prestación de servicios básicos. En otras palabras, todas las estrategias diseñadas están encaminadas a abordar las principales ineficiencias a través de la transferencia de dinero, pero no existe una estrategia para cambiar estructuralmente el hecho de que más de la mitad de la fuerza laboral está empleada en el sector informal. Como dice Clement (2015), “el objetivo del neoliberalismo social es mantener la economía neoliberal no regulada impulsada por el mercado, particularmente en el contexto de un mercado laboral que ahora es en un grado extremo informal”. Al mismo tiempo, quieren flexibilizar aún más el mercado laboral, por lo que se oponen a cualquier forma de organización laboral, regulaciones de salario mínimo y políticas de protección laboral.

Esta idea tal vez esté más claramente expresada en el documento del Banco Mundial “Del derecho a la realidad: incentivos, mercados laborales y el desafío de la protección social universal en América Latina y el Caribe” publicado en 2012, donde se afirma que el gobierno debe promover la acumulación de capital humano en las personas como forma de lograr mayores ingresos y eventualmente sobrevivir sin la asistencia pública. El núcleo de estas recomendaciones es crear la cantidad justa de programa condicional para ayudar a las personas sin crear incentivos para que las personas no trabajen. Al fortalecer los activos de las personas, también buscan reducir el costo laboral de las empresas privadas.

Enfoque estructuralista

El enfoque estructural, por otro lado, enfatiza la división de la economía en más de un sector, generalmente dos, uno en el que la mayoría de las empresas ofrecen trabajos formales pero racionados y otro donde el trabajador excluido que no puede encontrar un lugar opta por emplearse en la informalidad o trabajar por su cuenta. Esta es una imagen común de un país como México, donde no hay seguro de empleo para los trabajadores, por lo que no pueden permitirse el lujo de estar inactivos y tratan de encontrar cualquier trabajo disponible.

La tradición latinoamericana del estructuralismo con las obras de Celso Furtado, Anibal Pinto y Osvaldo Sunkel, entre otros. En la segunda mitad del siglo pasado, la mayoría de los países comenzaron a implementar una política de desarrollo liderada por el Estado, donde una nueva estructura institucional como los bancos de inversión ayudó en el proceso de industrialización. Cypher (2015) sostiene que, dadas las especificidades históricas de la transformación, esto resultó en un descuido de una política de empleo adecuada. Las prioridades eran ampliar la capacidad industrial para abastecer el mercado interno y debilitar la influencia política y económica del sector agrario.

El gobierno fomentó la creación de una estructura laboral corporativista para apoyar sus objetivos de industrialización, esto funciona bien hasta 1970 cuando el modelo se agotó. Sin embargo, el objetivo del pleno empleo en la tradición keynesiana nunca fue parte de su plan.

Clement (2015) resumió los siguientes puntos como los principales factores culpables del fracaso de este modelo: “(1) una élite empresarial rentista con aversión al riesgo, (2) formaciones estatales que carecían de suficiente autonomía e integración, (3) estasis tecnológica, y (4) una aristocracia terrateniente de mano dura y encadenada al pasado, América Latina nunca dio los pasos necesarios para revivir y revitalizar sus políticas estructuralistas”.

Luego del fracaso del neoliberalismo en lograr una alta tasa de crecimiento y pleno empleo de la fuerza laboral, apareció un nuevo estructuralismo y un nuevo desarrollismo en América Latina. Los primeros buscaban una estrategia para el desarrollo de la economía nacional a través de una dinamización de las exportaciones y una mayor integración con la economía global, es decir, reclamaban una política industrial para el sector exportador. Abogaron por “la innovación técnica, fomentar alianzas estratégicas con empresas transnacionales y facilitar incrementos en el contenido de valor agregado de las exportaciones”. Leiva (2008) ve esta nueva versión como “una pálida sombra de la agenda de desarrollo de los estructuralistas”.

El enfoque del neodesarrollismo ha tenido más éxito en reducir lo informal, al menos en el caso de Brasil. Clement (2015) afirma que en este país se siguieron algunos pasos: “(1) una política industrial activa, (2) la priorización de proyectos de desarrollo productivo a largo plazo, (3) estrategias de“ competitividad ”para acelerar las exportaciones manufactureras y fortalecer la base industrial nacional similar a la de los neoestructuralistas, (4) una importante iniciativa para fortalecer el Sistema Nacional de Innovación a través de la expansión de programas apoyados por el estado para fomentar el aprendizaje y la difusión tecnológica, (5) y una infusión masiva de fondos que permita la Banco Nacional de Desenvolvimento, el banco de desarrollo de propiedad estatal (con activos iguales a los del Banco Mundial), para promover una amplia gama de proyectos públicos, privados y mixtos (público-privados) de largo plazo ”.

Dualismo (enfoque de modernización)

El dualismo generalmente también se conoce como teoría de la modernización. Esta teoría dominó en la segunda mitad del siglo XX. Desde este punto de vista, el sistema económico se divide en dos sectores distintos: la economía formal y la informal. La economía formal se ve como un fenómeno floreciente que simboliza el desarrollo, el avance y la modernidad, mientras que su contraparte informal se define como una actividad tradicional que indica subdesarrollo, atraso y premodernidad (Huang et al, 2020). Uno de los primeros autores de esta tradición fue Rostow (Clement, 2015). En opinión de Rostow, los países estaban siguiendo una tendencia hacia una etapa caracterizada por una disminución de la participación del sector primario en la provisión de empleo (Clement, 2015). Esbozó cinco etapas en este proceso de desarrollo lineal: toma de una sociedad tradicional, creando las condiciones para el crecimiento económico en términos de instituciones sociales y políticas y valores culturales. En la tercera fase, se superan diversas resistencias y, finalmente, en la cuarta etapa, “trasciende a la etapa de industrialización con el surgimiento y expansión de sectores industriales punteros, una alta tasa de inversión y profundos cambios estructurales en infraestructura y política económica”. Este marco fue criticado principalmente porque no proporcionó detalles sobre qué políticas concretamente tomarían los países para alcanzar este mayor nivel de desarrollo. Esta visión determinista fue influyente en el último siglo y fue utilizada por varias administraciones estadounidenses como estrategia de desarrollo en el tercer mundo (Clement, 2015). Con la ventaja de la retrospectiva, ahora sabemos que la mayoría de los países quedaron atrapados en un nivel intermedio entre estas etapas. Ciertamente habían salido de la primera etapa de la sociedad tradicional o de subsistencia, pero la acumulación de capital no había podido crecer a la velocidad requerida para absorber la población laboral de un sector de baja productividad a un sector de alta productividad, los niveles de inversión no se han expandido y el sector industrial y agrícola permanecen estancados en su mayoría.

Otras figuras clave fueron Lewis (1954) y Harris y Todaro (1970). Lewis es considerado el fundador de modelos duales formales. También propuso un proceso de desarrollo a través de una canalización de recursos del sector agrícola tradicional al sector industrial donde la tecnología incipiente aumentaría la población y la fuerza laboral en las áreas rurales, creando un excedente que migraría a las áreas urbanas ayudando a expandir el sector industrial. Específicamente, modela una economía de dos sectores, un sector moderno y un sector de subsistencia. Clement (2015) ve tres características principales en el modelo de Lewis: dualismo de sistemas; oferta ilimitada de mano de obra no calificada con el salario actual: y la mano de obra no calificada se paga más en el sector moderno que en el sector tradicional por la misma cantidad y calidad de trabajo.

El dualismo está estrechamente relacionado con la idea de accesibilidad a los recursos y las oportunidades para que los individuos elijan entre diferentes alternativas. Por tanto, el dualismo se asocia a menudo con la exclusión de determinados grupos de la sociedad. De Soto (1989) fue posiblemente el primero en hacer la asociación entre la marginación de las personas y su eventual incorporación al sector informal. Clement (2015) también enfatizó el dualismo en los marcos institucionales que resulta en una creciente marginación y exclusión de las personas del sector formal.

En resumen, el dualismo se caracteriza por señalar algunas conexiones entre los sectores formal e informal en una economía. Se cree que los trabajadores del sector informal han sido excluidos del sector moderno, lo que se debe a una discrepancia entre las tasas de crecimiento de la población y el empleo industrial, así como las necesidades incomparables de los sectores modernos.

Integración de teorías

Desde la perspectiva de la modernización, se argumentó que la informalidad era un fenómeno destinado a desaparecer con el desarrollo y la modernización de la economía. Sin embargo, esto nunca se materializó. Es cierto, sin embargo, que las economías sí hicieron alguna transformación y algunos sectores se volvieron más dinámicos, pero esto no fue suficiente para absorber la masa de trabajadores que migran de las áreas rurales a las ciudades que vieron la expansión de las recesiones asociadas con el empleo informal y la vivienda.

En la visión estructuralista, la informalidad es un efecto directo del capitalismo. En este enfoque, la informalidad es el resultado de que las empresas capitalistas intentan reducir los costos laborales y mejorar su competitividad en un mercado libre altamente agresivo a través de la protección laboral, los salarios y la negociación debilitados del poder de los trabajadores. La economía informal es una parte inherente del capitalismo, al menos, ya que funciona en el mundo en desarrollo. Así, por ser funcional a la economía y su profunda vinculación con la economía formal, se espera que con una profundización del proceso de globalización, industrialización y modernización se observe también una expansión del trabajo informal (Huang, 2020).

Los enfoques neoliberales han tratado de explicar este fenómeno por la falta de una regulación estatal efectiva y los incentivos incorrectos que hacen que los individuos busquen arreglos informales debido al alto costo de la mano de obra y las transacciones legales. Casi todas las principales instituciones internacionales siguen este paradigma a la hora de asesorar a los gobiernos sobre cómo reducir la informalidad.

Siguiendo la interpretación de Huang et al (2020), Williams y Youssef (2014) entre otros, en este trabajo también se argumenta, que este fenómeno complejo es resultado de múltiples factores, por lo que las teorías pueden ser utilizadas para explicar el hecho de la supervivencia de la informalidad. Por tanto, la discusión debería ser la medida en que cada teoría puede explicar la informalidad. Ciertamente, incluso la regulación juega un papel importante como en el caso de México, donde estudios recientes han demostrado que la flexibilización del mercado laboral en México en 2013 condujo a una reducción de los trabajadores informales, aunque en un porcentaje bastante pequeño a pesar de los generosos beneficios otorgados a empresas (Samaniego, 2017). Y como Huang et al (2020), las teorías de la modernización sí explicaron el “empleo informal tradicional, como la venta ambulante, que generalmente sirve como estrategia de supervivencia de los desempleados”. Además, pocos académicos argumentarán que ciertamente existen algunos vínculos entre el sector formal y el informal y que las empresas aprovechan la abundante mano de obra barata en los países en desarrollo para reducir los costos y competir en los mercados nacionales y extranjeros.

Observaciones finales

Los desafíos a los que se enfrentan los países en desarrollo son múltiples y los ciudadanos exigen mejores condiciones de vida. La informalidad está demostrando ser más persistente que antes condenar a los trabajadores a trabajos precarios, bajos ingresos, pobreza y exclusión de los beneficios de las sociedades modernas. Varias teorías han luchado por proporcionar una explicación coherente de este fenómeno solo para ver cómo sus principios no se ajustan a la realidad. Se han realizado varios esfuerzos para reconciliar estas teorías y ofrecer una descripción y un análisis más identificables de las causas reales detrás de las economías capitalistas heterogéneas actuales.

Es necesario mejorar los estándares y la protección laborales, pero en un mundo donde todos los países en desarrollo compiten por la inversión extranjera a través de bajos salarios, parece que no hay solución sin una intervención estatal más poderosa y una reorganización económica más radical. Algunos economistas vienen proponiendo la urgencia de una política industrial y un fortalecimiento del mercado interno como alternativa viable al neoliberalismo, pero con una estrategia más coherente y sin caer en las mismas deficiencias de experiencias anteriores donde la mala gestión generó problemas como déficit público masivo y políticas económicas equivocadas que llevaron al país a una crisis de deuda, que destruye la credibilidad de las políticas de corte más intervencionistas y allana el camino para la implementación de recetas neoliberales.


Arnulfo Alberto es maestro en economía por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

Referencias

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