Por Ehécatl Lázaro
Septiembre 2021

La muerte de Abimael Guzmán ha vuelto a poner en el centro del debate político y mediático el papel de Sendero Luminoso en la historia contemporánea de Perú. Sendero Luminoso fue una organización guerrillera que se desprendió del Partido Comunista de Perú en 1969, ideológicamente se consideraba marxista-leninista-maoísta, y poseía una base social campesina. Desde su fundación inició operaciones contra el Estado en lo que llamó “guerra popular”: se trataba de generar un levantamiento armado masivo, derrotar al Estado burgués e instaurar un Estado socialista. Durante la década de 1980, Sendero Luminoso llevó sus operaciones más allá del ámbito rural y comenzó a incursionar en las ciudades más importantes de Perú, sobre todo Lima, la capital. Para ese momento, los aparatos de seguridad del Estado peruano ya tenían varios años luchando contra la organización sin poder derrotarla. Fue hasta 1992, con la captura de Abimael Guzmán, cuando Sendero Luminoso quedó militar y políticamente aniquilado.

Si bien Sendero Luminoso provenía de la tradición comunista peruana (tomaron su nombre de una frase de Mariátegui: “el marxismo-leninismo abrirá el sendero luminoso del futuro”), el componente maoísta definió las características más agresivas de la guerrilla. En la concepción de Mao, la guerra popular prolongada era la única opción que tenían los pueblos de los países colonizados y subdesarrollados para lograr su liberación y comenzar la construcción del comunismo, las fuerzas revolucionarias debían nutrirse fundamentalmente del campesinado, y el campo debía rodear a la ciudad hasta tomarla completamente. Bajo esta lógica, aplicada a las condiciones concretas de la realidad peruana, operó Sendero Luminoso bajo la dirección de Abimael Guzmán.

Sendero Luminoso no fue la única organización que llegó a la conclusión de que debía iniciar una lucha armada contra las élites de su país, ni Perú fue el único lugar de América Latina que vivió este tipo de conflictos durante el siglo XX. De hecho, en todos los países latinoamericanos existieron guerrillas socialistas durante la segunda mitad del siglo pasado. Algunas triunfaron, como en Cuba y Nicaragua, la mayoría se disolvió sin lograr su objetivo, y otras siguen existiendo, aunque ya solo como excepciones del escenario político, como las FARC en Colombia.

La peculiaridad de Sendero Luminoso consistió, fundamentalmente, en su carácter extemporáneo y en el grado de violencia que desplegó en su lucha. A nivel de América Latina, la primera oleada de guerrillas socialistas derivó del triunfo de la Revolución Cubana. Después de 1959, los movimientos guerrilleros comenzaron a proliferar en todo el continente y llegaron a su auge en las décadas de 1960 y 1970. Para 1980 la lucha armada ya había perdido fuerza, lo que coincidió con la crisis del bloque socialista a nivel mundial. Paradójicamente, fue en el ocaso de los movimientos armados a nivel continental cuando Sendero Luminoso lanzó su campaña militar. Fuera de Perú, en la década de 1980 solo Centroamérica mantenía conflictos armados activos debido a sus guerras civiles.

En lo que se refiere a la violencia, los senderistas se caracterizaron por sus métodos de reclutamiento forzoso, el castigo a los delatores, los asesinatos masivos, mutilaciones públicas, quema de pueblos, carros bomba en las ciudades, explosión de instalaciones eléctricas, entre otros. Fue esta violencia la que le enajenó el apoyo de algunos pueblos campesinos, quienes incluso se armaron por medio de rondas para defenderse de Sendero Luminoso. La espiral de violencia que se detonó en el campo peruano, en la que participaban los senderistas, el ejército y los ronderos, llevó a los tres actores participantes a emplear métodos de tortura y exterminio propios de una guerra. El informe de la Comisión de la Verdad y Reconciliación habla de 69,280 muertes derivadas del conflicto: 46% atribuidas a Sendero Luminoso, 30% al Estado y 24% a otros actores. Los juicios que se realizaron por estos hechos llevaron a prisión no solo a Abimael Guzmán, sino también a Alberto Fujimori (presidente de Perú) y a Vladimiro Montesinos, encargado de la inteligencia peruana que combatía a los senderistas.

La figura de Abimael Guzmán y de Sendero Luminoso siguen generando polémica en la sociedad peruana. Tras anunciarse su fallecimiento, el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de Perú advirtió que “toda manifestación pública que respalde o enaltezca alguna agrupación terrorista o justifique sus actos, así como rinda homenaje a sus líderes o cabecillas, como Abimael Guzmán, es considerado delito de apología al terrorismo”. El presidente Pedro Castillo, rondero en Cajamarca, anunció el fallecimiento del “cabecilla terrorista Abimael Guzmán, responsable de pérdidas de incontables vidas de nuestros compatriotas” y condenó el terrorismo. Vladimir Cerrón, fundador y líder del partido gobernante Perú Libre, señaló que “la muerte de Abimael Guzmán debe hacer reflexionar al país acerca de si las causas del terrorismo subversivo y del Estado han desaparecido, menguado o se mantienen. Mientras existan grupos humanos privilegiados y otros explotados, la violencia encontrará tierra fértil”. Condena, repudio, justificación o comprensión: la sociedad peruana no termina de ponerse de acuerdo sobre la figura de Abimael Guzmán.


Ehécatl Lázaro es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales