Por Vania Sánchez
Septiembre 2021

El gobierno mexicano ha mostrado una prisa, digna de mejores propósitos, por retomar el nivel y el ritmo de la actividad económica. La actividad económica se vio restringida por las medidas de distanciamiento social a fin de disminuir las consecuencias fatales y sanitarias provocadas por la Covid-19. Las pandemias provocadas por virus, se superan con el desarrollo de la inmunidad de la población; se puede, para lograrlo, vacunar a la población como ya ocurre con otras enfermedades que en su momento fueron el azote del hombre; o se puede dejar a la capacidad de resistencia de cada individuo para que su cuerpo libre su propia batalla contra el virus. Este segundo medio es lo que se conoce como inmunidad del rebaño, es la política de sobrevivencia del más fuerte que pregonan las expresiones más afines al capital como fundamento de la política social.

Las medidas del gobierno mexicano para contener los estragos de la pandemia se destacan por ineficientes y espontáneas; por ejemplo, el manejo desordenado de la semaforización que anuló su potencial utilidad, la falta de apoyos para garantizar a los hogares medios de vida a fin de que disminuyeran su movilidad, el nivel y ritmo de la vacunación que han estado muy por debajo de lo que el gobierno mismo se había propuesto; por lo que las metas proyectadas no se han cumplido y que arroja una proporción de 27% de población vacunada con el esquema completo, etc. Y sobre todo se ha dejado a la capacidad de respuesta de cada hogar, las medidas de prevención y atención de la pandemia. En suma, la política de la 4T para enfrentar esta pandemia se puede resumir en una velada apuesta a la inmunización de rebaño. Una estrategia que permite reducir los costos económicos de su combate y mantener la actividad económica.

Pero, bajo este mecanismo, la sobrevivencia de la población, no es tan aleatoria como se pretende presentar. Los datos muestran que el Covid-19 se ceba con los cuerpos más maltrechos, aquéllos con más problemas de salud previos y crónicos, como diabetes, hipertensión, obesidad, etc. Problemas que padecen en mayor proporción los sectores con medianos y menores ingresos. Esto es, los más pobres. Los datos muestran que hay una relación inversa entre la tasa de mortalidad por Covid-19 y el ingreso de los hogares: una vez enfermos, entre más pobres mayor es la probabilidad de morir (94% de los fallecidos por Covid-19 en México son trabajadores manuales y operativos, las amas de casa y jubilados y pensionados).  La más reciente exigencia del gobierno federal de retornar a clases sin que a tiempo y con suficiencia se hubieran tomadas las medidas para el control de la propagación del virus en las escuelas y los hogares, tiene la misma lógica de apurar la recuperación económica a costa de lo que sea.

Como presumió el presidente en su tercer informe oficial a la nación, la economía este año crecerá hasta 6%. Parecería pues que, a pesar de los costos, la estrategia de inmunidad de rebaño estaría impulsando hacia arriba a la economía. Sin embargo, este aparente éxito se vuelve absolutamente efímero y muy desalentador cuando notamos que 1) esa cifra es resultado de que el año pasado se registró una caída del PIB de 8% y, por tanto, con ese 6% resulta que en 2022 se estará peor que en 2019; 2) ese 6% no implica la recuperación del empleo, ni el ingreso relativo correspondiente a sueldos y salarios que había en 2019 y; 3) todavía peor, ya hay visos de que el efecto inercial que está detrás de esta recuperación se está agotando más pronto de lo esperado.

Mensualmente INEGI realiza la Encuesta Mensual de Opinión Empresarial. Con base en ella realiza una serie de indicadores de tendencia que permite avizorar el comportamiento de la economía. Estos indicadores son relevantes porque permiten adelantarse al comportamiento de los mercados, son útiles en la medida en que muestran la tendencia sobre los niveles de contratación, producción e inversión. ¿Qué muestran los principales indicadores de confianza y tendencia empresarial más recientes? Que después del optimismo que siguió al plan de vacunación, los malísimos resultados de este han dado al traste con una recuperación potente y veloz. Como se esperaría, el peor resultado del Índice Global de Opinión Empresarial de Confianza (IGOE) se registró en mayo de 2020; fue la primera reacción a la pandemia, y alcanzó 34 puntos; este mismo, alcanzó un pico en el mes de julio de 2021 con 51.9 (como efecto de la aceleración de la vacunación) y en agosto “la confianza de los empresarios” va a a la baja (como efecto de la tercera ola).

Las decisiones de producción, contratación de trabajadores e inversión se basan en las expectativas de negocio de los empresarios individuales. Por más lecciones de moralidad y nacionalismo que les imparta el presidente, en la lógica de funcionamiento del capital no tiene cabida más consideración que el rendimiento de cada peso gastado. Y estas expectativas no parecen compartir el optimismo del presidente. Así pues, en términos económicos, de los costos vitales que nos dejará la estrategia de inmunidad de rebaño por vías naturales, del sálvese quien pueda que nos ha recetado el gobierno federal, no saldrá sino una débil y larguísima recuperación. Tanto que ya se habla de una década perdida de la que hay que responsabilizar a este gobierno encabezado por Andrés Manuel.


Vania Sánchez es doctora en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.