Por Anaximandro Pérez
Agosto 2021

Un recurso retórico útil para imponer la voluntad de un poder sobre una sociedad es el de apelar a “lo popular”, al “pueblo”, etc. Resulta útil sobre todo en las sociedades en las que la desigualdad de ingresos y servicios entre las clases sociales es tan brutal y la claridad de las masas pauperizadas tan magra, que se toma como promesa verificable y positiva cualquier sentencia adjetivada por palabras que suenen a bienestar común, como decir “todo pertenecerá al pueblo”, “lo que el pueblo sabio decida”, o “por el bien de todos, primero los pobres” (un ejemplo concreto de estos días del “pejismo” en el poder). En circunstancias desfavorables, las mayorías empobrecidas –ignorantes de los motivos que las llevan a vivir miserablemente– pero también las clases medias y muchos intelectuales o científicos con claridad de las cosas, siguen esos cantos populares y se alinean a la voluntad de quien les habla bonito en un reino del caos. Ciertamente, la adjetivación de promesas políticas bajo el manto de “lo popular” no prueba por sí misma que lo propuesto sea practicable o impracticable, o que su puesta en marcha vaya a ser positiva o fatal. En realidad, las posibilidades de éxito o fracaso se pueden deducir gracias al estudio de los elementos que componen la propuesta en cuestión y las circunstancias concretas que la rodean (lo cual escapa al alcance de las clases bajas o de las gentes desesperadas); pero si esas posibilidades son ciertas o no, eso sólo lo demuestra en la práctica.

Algunos proyectos políticos de la historia han parecido positivos ante los ojos de sus sociedades. Por ejemplo, las del Nacionalsocialismo. Los alemanes se encontraban inmersos en una crisis total de su nación cuando surgió Hitler, un agitador (por sus cualidades incendiarias se autodenominó en un principio “el tambor”, más que ideólogo del nazismo) que prometía el bienestar para el pueblo alemán. La Primera Guerra Mundial (1914-1918) había destruido la economía del Imperio Alemán, había desmembrado a la sociedad alemana; por eso nadie se opuso con suficiente energía a los tambores nacionalistas que prometían bienestar para el Volk, “el pueblo”, un futuro de progreso para los germanos, etc. No hubo oposición suficiente desde la sociedad a pesar de que, debajo de una propuesta que visiblemente desconocía los yugos impuestos por Inglaterra y Francia al final esa guerra (sanciones económicas, apropiación de territorios alemanes, prohibición del armamentismo, etc.), era claro que los nazis buscaban ganar el soporte de su pueblo para desplegar, desde el poder, un proyecto imperialista de imposición violenta de la burguesía militarista germana, quien deseaba abrir y someter a los mercados del mundo a fuerza de cañonazos, sin limitarse en el exterminio de cualquiera, sujeto, grupo, nación entera, que se opusiera a su avance. El resultado de esto, entre otras cosas, fue la conflagración más sangrienta de toda la historia humana, con más de 40 millones de muertos, entre 1939 y 1945.

Ese caso fue el extremo. La irreflexión e ignorancia política del pueblo de Alemania le hicieron tomar decisiones desde las vísceras y el hambre surgida del caos que dejó la Gran Guerra; permitieron que se impusiera la voluntad de los burgueses imperialistas. Pero habría que considerar los peligros de ese extremo histórico; acaso ello sirva para pensar lo que nos auguran las políticas erróneas del gobierno mexicano de Andrés Manuel López Obrador. Las clases populares apoyaron visceralmente el proyecto lopezobradorista, que se proclamaba “del pueblo” o de “los pobres”; hoy la ineptitud de los morenistas y la irreflexión de los votantes están cobrando factura. En ese sentido, por ejemplo, contra el narco (o el crimen organizado) se decía “abrazos, no balazos”, porque narco sería igual a “pueblo” armado; pero bajo el gobierno de Morena se han matado más mexicanos que en los sexenios anteriores en los que no había “abrazos”. Así, el portal www.dw.com destacó que en 2019 hubo 34,648 homicidios, en 2020 la cifra de 34,515; de todos ellos el 80% se debieron a “crimen organizado”. La lista puede seguir, pero baste esto como muestra de que la práctica de las políticas morenistas prometen catástrofes nacionales inéditas. 


Anaximandro Pérez es Maestro en Historia por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

Suscríbete al boletín semanal del CEMEES

Procesando…
¡Lo lograste! Ya estás en la lista.