Por Miguel Alejandro Pérez
Julio 2021

¿Cuáles son las bases filosóficas de la concepción del mundo de la “cuarta transformación”? Las bases filosóficas de la concepción del mundo de la “cuarta transformación” han sido expuestas fundamentalmente por el presidente Andrés Manuel López Obrador en varias de sus numerosas intervenciones orales y en su libro Hacia una economía moral[1]. Sus puntos más recurrentes y sus insistencias más evidentes revelan el carácter de las concepciones filosóficas de la “cuarta transformación”.

Uno de los temas predilectos del presidente López Obrador ha sido la crítica del “pensamiento materialista”. Su crítica del “materialismo” ha sido constante e implacable. En muchas ocasiones lo ha fustigado, despiadada e inmisericordemente, con el látigo de sus invectivas. ¿Pero qué se ha entendido por “materialismo” en todos estos casos? ¿Qué clase de “materialismo” se ha convertido en el blanco de sus críticas más acerbas? Hacia una economía moral y varias de sus declaraciones públicas nos permiten conocer el concepto de “materialismo” del presidente López Obrador. Advertimos desde este momento que sus ideas al respecto aparecen entremezcladas con cuestiones como la del sentido de la vida humana y el significado de la felicidad, por lo que tendremos que soportar unas cuantas monsergas, tanto más fastidiosas cuanto que su autor, dándoselas de exempla virtutis y de hombre avezadísimo en materia de ética y moral, trata de vendernos dos o tres trivialidades conocidas por todo el mundo como los mandamientos que habrán de conducirnos infaliblemente al “renacimiento de México”. Ni modo. Aunque los sermones morales del presidente López Obrador nos lleguen a resultar profundamente sentenciosos y vanos no tenemos más remedio que aguantarlos.

Para cumplir con nuestro propósito vamos a citar en primer lugar un ramillete de las expresiones y exclamaciones con que el presidente López Obrador ha arremetido contra el “materialismo”. Las hemos recogido de los floridos vergeles que representan tanto Hacia una economía moral como varias de sus múltiples intervenciones públicas. Primero citaremos las que corresponden a la obra escrita. “Pero el sentido de la vida no debe reducirse únicamente a la obtención de lo material, a lo que poseemos o acumulamos. Una persona sin apego a un código de principios no necesariamente logra la felicidad. En algunos casos, triunfar a toda costa conduce a una vida vacía, infeliz y deshumanizada”[2]… “Como hemos sostenido más de una vez, la crisis actual se debe no sólo a la falta de bienes materiales, sino también a la pérdida de valores”[3]… “Las acciones para mejorar lo material son importantes, pero no bastan: es preciso también fortalecer los sentimientos humanitarios”[4]… “Además, la felicidad no se logra acumulando riquezas, títulos ni fama, sino mediante la armonía con nuestra conciencia, con nosotros mismos y con el prójimo”[5], etc., etc.

Sus distintas intervenciones orales no son más que una versión aumentada de las ideas que desarrolla en Hacia una economía moral. La única diferencia es que la letra impresa mantiene a raya el pintoresquismo y las desopilantes ocurrencias que sus expresiones orales nos prodigan ubérrimamente. “Hay una profunda descomposición en el país porque en treinta y seis años lo que predominó fue lo material, el triunfar a toda costa, sin escrúpulos morales de ninguna índole, elevar a rango supremo el dinero”[6]… “Es muy importante que se haga a un lado el pensamiento individualista, materialista, el triunfar a toda costa, el querer tener dinero, el querer tener riquezas, el querer tener carros últimos modelos, el tener ropa de marca y las alhajas y todo ese estilo de vida que se impuso durante mucho tiempo, el lujo barato”[7]… “El neoliberalismo o neoporfirismo trajo aparejada una concepción muy individualista, muy egoísta, muy enfocada, orientada, a progresar en lo material, bienestar material sin importar bienestar del alma”[8]… “[El dinero] es como el papá del diablo, es también la mamá del diablo el dinero, la mamá y el papá del diablo el dinero, la ambición desmedida al dinero. A eso me refiero cuando planteo que debemos luchar por una sociedad mejor, no materialista, no buscar progresar a toda costa, sin escrúpulos morales de ninguna índole, treparnos, triunfar, el fin justifica los medios, ¡no!, hay que tener lo necesario para vivir, para mantener a la familia, que no falte nada en la casa, que no le falte nada a los hijos, pero al mismo tiempo vivir con mucha dignidad, con moralidad, con valores espirituales, que no nos obnubile el dinero, que no sea lo material lo principal; siempre digo que la felicidad no es acumular bienes materiales, dinero, fama, títulos, grados académicos, la verdadera felicidad es estar bien con uno mismo, estar bien con nuestra conciencia, estar bien con el prójimo; la ambición al dinero, desmedida, el querer salir adelante, destacar como sea, pasando por encima de todo, ese aspiracionismo produce mucha infelicidad”[9]…, etc., etc.

Como podemos ver por el contenido y el tono de las citas anteriores, el presidente López Obrador es un crítico resuelto del “materialismo”. Siempre que puede o quiere insiste en esta cuestión. Pero por más obstinado e implacable que se muestre, este crítico contumaz del materialismo manifiesta un concepto demasiado pobre y estrecho de aquello que motiva sus diatribas. ¿Qué nos indican si no todas las expresiones y exclamaciones viperinas con que ha arremetido contra el “materialismo”? Sus letárgicas monsergas nos revelan ante todo su indigencia filosófica. Y la pobreza de su pensamiento filosófico salta palmariamente a la vista cuando nos percatamos de que su concepto de “materialismo” no sólo es la base de sus pesadas y aburridas letanías, sino que se limita a salmodiar el viejo y manido prejuicio que santones y fariseos han establecido, largos años de calumnias mediante, contra el nombre de “materialismo”. En efecto, gazmoños y santurrones de toda marca han entendido tradicionalmente por “materialismo” una lista más o menos larga de vicios que van desde la voluptuosidad, la buena vida, la dipsomanía y la glotonería hasta la avaricia, la codicia, el ansia de dinero y el afán de lucro; y por “idealismo”, la persecución de fines ideales, la fe en la justicia, en la verdad, en la virtud, en el amor y, en general, la fe en ideales éticos. Sin embargo, el significado que fariseos y santones de toda laya han atribuido históricamente a las expresiones “idealismo” y “materialismo” no deja de ser un mero prejuicio. Se trata a grandes rasgos del “pero” que clásicamente se le pone a la palabra “materialismo”, la cual es entendida habitualmente en un sentido despreciativo contraponiéndola a todo lo que grandilocuentemente se ha dado en llamar “idealismo”. Desde el punto de vista de estos fariseos la palabra “materia” designa, sencillamente, todo aquello que se encuentra por debajo de una cosa mucho más alta y mucho más noble llamada “espíritu”, de donde surge precisamente la creencia supersticiosa de que el “idealismo” responde a ideales éticos o fines ideales, en tanto que el materialismo obedece a exigencias o apetitos puramente egotísticos. A esto habría que agregar un detalle quizá desagradable sobre esta clase de santurrones, quienes frecuentemente baladronean de su “idealismo” ante los demás, jactándose de su fe en ideales éticos, fe en la que por desgracia ellos mismos sólo creen, a lo más, mientras atraviesan “por esa resaca o postración que sigue a sus excesos «materialistas» habituales, acompañándose con su canción favorita: «¿Qué es el hombre? Mitad bestia, mitad ángel»”[10]. El “idealismo” del presidente López Obrador no queda mejor parado. Es el idealismo poltrón e inconsistente que resulta tan caro y grato a santurrones, santones y filisteos.

No tenemos que devanarnos los sesos para comprobar que el presidente López Obrador no ha podido sobreponerse al prejuicio rancio y rutinario contra el nombre de “materialismo”. ¿O acaso tiene un concepto distinto de “materialismo”? Para nada. En Hacia una economía moral y en varias de sus intervenciones orales ha dejado bastante claro que su concepto de “materialismo” se limita a la burda y estereotipada consideración de que esta palabra designa una concepción que se caracteriza por reducir el sentido de la vida a la obtención de lo material, a la posesión y acumulación de la mayor cantidad posible de bienes materiales, triunfando a toda costa y sin ninguna clase de escrúpulos morales. Según la perspectiva filosófica del presidente López Obrador, una persona “materialista” es, por tanto, aquella que finca el sentido de su vida en “lo material”, alguien para quien lo principal es lo material, es decir, las riquezas (ropa de marca, alhajas, “carros últimos modelos”, etc., etc.), alguien, en suma, egoísta e individualista que eleva a rango supremo el dinero y que busca progresar a como dé lugar sin apegarse a un código de principios, sin moralidad y sin valores espirituales. ¿Qué nos indican estas ideas generales? ¿No nos demuestran claramente que el autor de Hacia una economía moral comparte la creencia supersticiosa de que la esencia del “materialismo” consiste en no tener fe en fines ideales o ideales éticos?

Por si todavía nos quedaran dudas al respecto, vamos a citar otra vez, aunque ahora por separado, una de sus declaraciones públicas, en donde encontramos una síntesis de su concepto de “materialismo”: “El neoliberalismo o neoporfirismo trajo aparejada una concepción muy egoísta, muy enfocada, orientada, a progresar en lo material, bienestar material sin importar el bienestar del alma”[11]. Según el presidente López Obrador, el materialismo es, pues, una concepción que se caracteriza, simple y llanamente, por concederle una importancia única y exclusiva al “bienestar material”, olvidando el “bienestar del alma”. Aunque parezca mentira, este concepto ramplón de “materialismo” constituye la parte teórica o contemplativa de la concepción del mundo que sustenta el autor de Hacia una economía moral. Este concepto simplón es, por lo demás, el cimiento de su parte práctica, es decir, tanto de su sistema de juicios de valor como de su código de estimaciones de la conducta, la cual se relaciona íntimamente con su parte teórica a través de sermones y monsergas. No debe causarnos sorpresa alguna, por tanto, que una de las prédicas favoritas del presidente López Obrador sea, precisamente, el ritornelo aquel de que “se haga a un lado el pensamiento individualista, materialista, el triunfar a toda costa, el querer tener dinero, el querer tener riquezas”[12], de que se abandone “ese estilo de vida que se impuso durante mucho tiempo”. Es, por el contrario, muy natural: quien dice A, debe decir B.

La suposición de que el “materialismo” es una concepción que prescinde de “ideales éticos” y que olvida el “bienestar del alma” desemboca, como podemos ver, en un llamado a nuestra conciencia: tenemos que hacer a un lado este pensamiento no sólo egoísta, sino “muy egoísta” e individualista, que se orienta exclusivamente a “progresar en lo material”. ¿Pero por qué tenemos que deshacernos de esta clase de pensamiento? Tanto en Hacia una economía moral como en sus intervenciones públicas el presidente López Obrador nos ha dado sus razones. Como no queremos desaprovechar la oportunidad de contribuir a la difusión de tan potentísimos cuanto sapientísimos principios, trataremos de citarlos textualmente, comenzando por el que nos parece que es su punto de partida. “Debemos insistir en que hacer el bien es el principal de nuestros deberes morales. El bien es una cuestión de amor y de respeto a lo que es bueno para todos”[13]. En relación con esto, el autor de Hacia una economía moral nos explica lo siguiente: “El bien no sólo es obligatorio para los creyentes, sino, en general, para todas las personas; el bien no solo se funda en una recompensa que el religioso espera recibir en el cielo, sino en razones que pertenecen a este mundo”[14]. Y agrega: “El propósito es contribuir a la formación de mujeres y hombres buenos y felices, con la premisa de que ser bueno es el único modo de ser dichoso”[15]. Luego entonces, “hacer el bien” es, en primer lugar, el principal de nuestros deberes morales”; es, además, “obligatorio para todas las personas”, no sólo para los “creyentes”; es, por último, “el único modo de ser dichoso”.

La perspectiva del presidente López Obrador resulta clara. Sólo si hacemos el bien podremos ser dichosos, podremos ser felices. Ahora bien, el autor de Hacia una economía moral reconoce dos clases de felicidad. Es preciso que las conozcamos antes de que nos dispongamos a cumplir el “principal de nuestros deberes morales”. “La felicidad profunda y verdadera no puede saberse únicamente en los placeres fugaces. Estos aportan felicidad instantánea, pero si no se ha otorgado a la existencia propia un sentido trascendente, después de ellos queda el vacío de la vida, que puede ser terriblemente triste y angustioso. Cuando se pretende sustituir la entrega al bien con esos placeres efímeros, puede suceder que estos conduzcan a los vicios y a la corrupción, y que aumente más y más la infelicidad”[16]. En resumen, los placeres fugaces o efímeros producen, a lo sumo, una felicidad momentánea, superficial y falsa; en cambio, la felicidad profunda y verdadera no es resultado de los placeres momentáneos, sino de otorgarle a “la existencia propia un sentido trascendente”, que no es otro que “hacer el bien”. Partiendo de la distinción de estas dos clases de felicidad, el presidente López Obrador encuentra verdaderos “garbanzos de a libra” como este, producto de sesudísimas cavilaciones: “Además, la felicidad no se logra acumulando riquezas, títulos ni fama, sino mediante la armonía con nuestra conciencia, con nosotros mismos y con el prójimo”[17]. No por otra razón muchas, muchísimas veces nos ha conminado a hacer a un lado el “pensamiento materialista”. En todas esas ocasiones, su única intención ha sido que podamos ser profunda y verdaderamente felices. “Siempre digo que la felicidad no es acumular bienes materiales, dinero, fama, títulos, grados académicos, la verdadera felicidad es estar bien con uno mismo, estar bien con nuestra conciencia, estar bien con el prójimo”[18]. Por el mismo motivo nos ha revelado varias verdades penetrantes, tan profundas como su concepto de “felicidad”. “Triunfar a toda costa y en forma inescrupulosa conduce a una vida vacía, infeliz, deshumanizada”[19]. “Una persona sin apego a un código de principios no necesariamente logra la felicidad”[20].

Sabiendo que “la felicidad no es acumular bienes materiales” nos podemos disponer, ahora sí, a cumplir con el “principal de nuestros deberes morales”, “hacer el bien”. Antes que nada, debemos hacer un acto de funambulismo. “De ahí que deberá buscarse siempre el equilibrio entre lo material y lo espiritual: procurar que a nadie le falte lo indispensable para la sobrevivencia y cultivar los mejores sentimientos y actitudes hacia nuestros semejantes”[21]. La primera condición es, pues, el “equilibrio entre lo material y lo espiritual”. ¿Y luego? ¿Qué debemos hacer para ser verdadera y profundamente dichosos? El presidente López Obrador nos ilustra, en Hacia una economía moral, con una probadita de su ciencia infusa, prescribiéndonos una pócima milagrosa, el bálsamo de Fierabrás de la felicidad humana. Apuntemos esta receta con sumo cuidado, no vaya a ser que se nos pase un solo ingrediente de este menjurje prodigioso: “Existen preceptos generales que son aceptados como fuente de felicidad humana. Reyes, en su Cartilla moral, los aborda desde el más individual hasta el más general, desde el más personal hasta el más impersonal. Podemos imaginarlos, escribe, como una serie de círculos concéntricos: comenzamos por el interior y vamos tocando otro círculo más amplio. Según Reyes, son seis preceptos básicos los que forman parte del código del bien: el respeto a nuestra persona en cuerpo y alma; el respeto a la familia; el respeto a la sociedad humana, en general, y a la sociedad, en particular; el respeto a la patria; el respeto a la especie humana; y el respeto a la naturaleza que nos rodea”[22]. Tenemos pues, en principio, seis ingredientes, seis preceptos básicos o generales que, a decir del presidente López Obrador, “son aceptados como fuente de felicidad humana”. Si queremos ser verdadera y profundamente dichosos basta con que cumplamos estos seis preceptos, pero si queremos ser todavía más dichosos si cabe, podemos agregar a nuestra compota los cinco ingredientes que nos sugiere la receta de León Tolstói, quien, como nos informa el autor de Hacia una economía moral, “en su libro Cuál es mi fe, señalaba cinco condiciones para la felicidad terrenal admitidas generalmente por todo el mundo: el poder gozar del cielo, del sol, del aire puro y de toda la naturaleza; el trabajo que nos gusta y hemos elegido libremente; la armonía familiar; la comunión libre y afectuosa con todas las personas; y la salud y la muerte sin enfermedad”[23]. Sin embargo, podemos ser más felices todavía si consideramos la contribución del presidente López Obrador a esta receta para conseguir la felicidad humana. Su aportación consiste en una verdadera avalancha de ingredientes, unos agridulces, otros salados, otros picantes, total que “de chile, mole y pozole”, mezclados sin ton ni son. Dice este crítico implacable del “materialismo”: “Por supuesto, hay otros preceptos que deben ser exaltados y difundidos: el apego a la verdad, la honestidad, la justicia, la austeridad, la ternura, el cariño, la no violencia, la libertad, la dignidad, la igualdad, la fraternidad y la verdadera legalidad. También deben incluirse principios y derechos de nuestro tiempo, como la no discriminación, la diversidad, la pluralidad y el derecho a la libre manifestación de las ideas y la soberanía personal”[24]. Unamos las recetas de Alfonso Reyes y de Tolstói e integremos además el batiburrillo que propone el presidente López Obrador, ¡voilà!, habremos conseguido la fórmula, por tantos milenios buscada, de la felicidad humana. ¡Ay de aquel que no consiga uno o más de uno de sus ingredientes fundamentales! ¡Ay de aquel que, por azares del destino, muera enfermo, o de aquel que no tenga un trabajo de su gusto! Ese pobre desafortunado no podrá saborear las dulcísimas mieles de la felicidad terrenal, y se retorcerá en el “vacío de la vida”, que, en palabras del presidente López Obrador, “puede ser terriblemente triste y angustioso”, aunque tal vez, quién sabe, el desdichado aquel salpimiente su terrible y angustiosa situación con esos sucios placeres fugaces a que se entregan habitualmente los cínicos “materialistas”.

Lamentablemente, el bálsamo de Fierabrás de la felicidad humana es pura superchería. Y sin embargo, el presidente López Obrador estima que estos preceptos básicos o generales que supuestamente son “aceptados como fuente de felicidad humana” constituyen “el fundamento para hacer posible la existencia de una república amorosa”[25] y que como tales “deben convertirse en un código del bien”[26]. Vemos, pues, que el autor de Hacia una economía moral basa su ridícula utopía de la “república amorosa” en una superchería, y que, por si no fuera poco, espera que ese esperpento se convierta en nuestro “código del bien”, en una especie de “constitución moral” o evangelio que inspire nuestra conducta cotidiana. ¿Qué nos revelan, en suma, tanto su crítica del “materialismo” como su intención de establecer una “república amorosa” sobre la base de un “código del bien”?

Como tuvimos ocasión de comprobar líneas arriba, su crítica del “materialismo” desemboca en el fecundísimo principio de buscar “siempre el equilibrio entre lo material y lo espiritual”. ¿Pero de dónde surge exactamente esta conclusión? Surge precisamente de su concepto chabacano del “materialismo” como una concepción que se concentra en procurar “bienestar material sin importar el bienestar del alma”. La crítica del presidente López Obrador parte, en este aspecto particular, de la idea que, desde hace mucho tiempo, concibe al hombre como un compuesto de cuerpo y alma. Según esta idea, los hombres tienen no sólo necesidades físicas, exigencias del “cuerpo”, sino también necesidades espirituales, exigencias del “espíritu”. De acuerdo con esta perspectiva, el “materialismo” declara que el hombre responde tan sólo a sus exigencias físicas puramente egoístas; por consiguiente, ignora totalmente sus necesidades espirituales, las exigencias de su “alma”. Por este motivo el presidente López Obrador se opone al “materialismo”. El autor de Hacia una economía moral, en cambio, no puede olvidar las necesidades espirituales de los hombres, el “bienestar del alma”. Esta actitud honra al presidente López Obrador. Sin embargo, su idea de que “el hombre se compone de alma y cuerpo” demuestra que “este cerebro en el pensar fecundo” se encuentra imbuido, hasta la médula, de prejuicios dualistas. En efecto, con sus letanías sobre el “bienestar material” y el “bienestar del alma” se instala graciosamente en el campo seguro del dualismo.

Si el presidente López Obrador manifiesta signos claros de dualismo, tenemos que exponer, aunque sea brevemente, la suposición característica de la perspectiva dualista sobre el mundo. Pues bien, los sistemas dualistas de una u otra clase se caracterizan, fundamentalmente, por reconocer al espíritu y la materia como sustancias separadas e independientes. En otras palabras, el dualismo admite dos clases de mundos igualmente sustanciales y verdaderos. Supone, en resumen, que en el hombre existen dos sustancias totalmente diferentes: el cuerpo o materia, por una parte; el alma o espíritu, por la otra. En conexión con esta convicción, los dualistas consideran que explicar los fenómenos mediante una sola de estas sustancias implicaría una “unilateralidad” inadmisible, sería un signo de atavismo, una señal de cultura inferior, un paso hacia atrás. Por esto, se sienten sumamente satisfechos de sí mismos creyendo que con su dualismo consiguen la “multilateralidad” de situarse por encima del uno y del otro extremo, no siendo ni materialistas ni idealistas, sino los representantes de un pensamiento crítico, no determinista, ni tampoco dogmático. Que los dualistas se conformen con semejante “multilateralidad”, que se refocilen en su eclecticismo, ¡allá ellos! Por nuestra parte sólo podemos recordar que las tendencias más importantes del pensamiento filosófico, sus pensadores más consecuentes, sus sistemas más eminentes, siempre fueron monistas, se inclinaron siempre al monismo, es decir, trataron de “explicar los fenómenos con la ayuda de un principio fundamental”[27]. Para los monistas, materialistas o idealistas, materia y espíritu (cuerpo y alma) no son dos sustancias separadas e independientes, dos clases de mundos totalmente diferentes, igualmente sustanciales y verdaderos, sino “tan sólo dos clases de fenómenos que tienen una sola causa, indivisiblemente la misma”[28].

Materialismo e idealismo tienen entonces un rasgo en común: la búsqueda de una explicación monista de los fenómenos, comparten la característica de explicar los fenómenos con ayuda de algún principio fundamental. En este punto no existe diferencia entre, por ejemplo, Hegel y los materialistas franceses: para estos últimos, materialistas consecuentes, “la facultad de sentir era una de las propiedades de la materia”; para Hegel, idealista no menos firme, “la naturaleza era tan sólo otro modo de ser de la Idea absoluta”[29]. Hegel y los materialistas franceses fueron, en suma, igualmente monistas, por más que uno fuera idealista y los otros materialistas. ¿Pero por qué ha sido así? ¿Por qué las tendencias más importantes del pensamiento filosófico siempre han sido monistas? Porque han comprendido, simple y sencillamente, la inutilidad de la perspectiva dualista sobre el mundo. Idealistas y materialistas consecuentes siempre se han inclinado por el monismo por la sencilla razón de que el dualismo convierte a la materia y al espíritu en dos sustancias totalmente diferentes, separadas e independientes, tan distintas e impenetrables la una por la otra que resulta verdaderamente imposible explicar cómo pueden estas dos sustancias, que para los dualistas no tienen nada en común entre sí, influenciar una a la otra; tan separadas e independientes que resulta imposible comprender la forma en que una de estas dos sustancias puede actuar sobre la otra. Cuando el autor de Hacia una economía moral nos espeta declaraciones como esta: “De ahí que deberá buscarse siempre el equilibrio entre lo material y lo espiritual: procurar que a nadie le falte lo indispensable para la sobrevivencia y cultivar los mejores sentimientos y actitudes hacia nuestros semejantes”[30], o esta otra: “Las acciones para mejorar lo material son importantes, pero no bastan: es preciso también fortalecer los sentimientos humanitarios”[31], manifiesta un cuadro agudo de dualismo. A decir verdad, con su crítica del “materialismo” el presidente López Obrador trata de presentarse como un pensador audaz, tan audaz que audazmente se coloca por encima de los dos extremos de la materia y el espíritu, logrando con esto la portentosa hazaña de no caer ni en el materialismo ni en el idealismo, sino en una posición superior, no dogmática ni determinista: el dualismo.

Sin embargo, su acto de funambulismo le reporta bicocas como esta: “Hay que tener lo necesario para vivir, para mantener a la familia, que no falte nada en la casa, que no le falte nada a los hijos, pero al mismo tiempo vivir con mucha dignidad, con moralidad, con valores espirituales…”[32]. Y esta clase de zarandajas constituyen los cimientos de su “república amorosa”. Y con este dualismo soso como evangelio pretende lograr lo que pomposamente llama “renacimiento de México”. Palabra del autor de Hacia una economía moral.


Miguel Alejandro Pérez es historiador por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

[1] Andrés Manuel López Obrador, Hacia una economía moral, México, Planeta, 2019.

[2] Cfr. Ibíd. p. 173.

[3] Ibíd. p. 174.

[4] Ídem.

[5] Ibíd. p. 178.

[6] Cfr. Capital 21 Web, “Violencia contra mujeres, fruto podrido del neoliberalismo: AMLO”, Capital 21, 25 de noviembre de 2020, consultado 14 de julio de 2021, https://www.capital21.cdmx.gob.mx/noticias/?p=5721.

[7] Cfr. Redacción MVS Noticias, “Dejar de lado el pensamiento individualista y materialista, pide AMLO”, MVS Noticias, 15 de abril de 2021, consultado 14 de julio de 2021, https://mvsnoticias.com/noticias/nacionales/dejar-de-lado-el-pensamiento-individualista-y-materialista-pide-amlo. El contenido de esta cita puede encontrarse entre los minutos 22: 43 y 23: 18 del video que aparece dentro del cuerpo de la nota.

[8] Véase: Redacción, “Queremos construir una nueva clase media que se resista a la manipulación: AMLO”, El Financiero, 21 de junio de 2021, consultado el 14 de julio de 2021, https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/2021/06/21/la-4t-quiere-construir-una-nueva-clase-media-mas-humana-fraterna-y-solidaria-amlo/?fbclid=IwAR0ZDghlfhPQjU2R3AeVA_pD-lIZG0MfkBYwp9TixgpZBd5RR4EMntkGzEg. Véase también este video: https://fb.watch/v/1dB8DHcNj/.

[9] Cfr. Noticias Milenio, “AMLO insiste en buscar una sociedad no materialista”, Milenio, 23 de junio de 2021, consultado 14 de julio de 2021, https://www.youtube.com/watch?v=lLK2lnT6W6g.

[10] Federico Engels, Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana, Moscú, Editorial Progreso, 1975, p. 26.

[11] Véase: Redacción, “Queremos construir una nueva clase media que se resista a la manipulación: AMLO”, El Financiero, 21 de junio de 2021, consultado el 14 de julio de 2021, https://www.elfinanciero.com.mx/nacional/2021/06/21/la-4t-quiere-construir-una-nueva-clase-media-mas-humana-fraterna-y-solidaria-amlo/?fbclid=IwAR0ZDghlfhPQjU2R3AeVA_pD-lIZG0MfkBYwp9TixgpZBd5RR4EMntkGzEg. Véase también este video: https://fb.watch/v/1dB8DHcNj/.

[12] Cfr. Redacción MVS Noticias, “Dejar de lado el pensamiento individualista y materialista, pide AMLO”, MVS Noticias, 15 de abril de 2021, consultado 14 de julio de 2021, https://mvsnoticias.com/noticias/nacionales/dejar-de-lado-el-pensamiento-individualista-y-materialista-pide-amlo. El contenido de esta cita puede encontrarse entre los minutos 22: 43 y 23: 18 del video que aparece dentro del cuerpo de la nota.

[13] López Obrador, op. cit., p. 178.

[14] Ídem.

[15] Ídem.

[16] Ibíd. pp. 178-179.

[17] Ibíd. p. 178.

[18] Cfr. Noticias Milenio, “AMLO insiste en buscar una sociedad no materialista”, Milenio, 23 de junio de 2021, consultado 14 de julio de 2021, https://www.youtube.com/watch?v=lLK2lnT6W6g.

[19] López Obrador, op. cit., p. 173.

[20] Ídem.

[21] Ídem.

[22] Ibíd. p. 179.

[23] Ibíd. p. 180.

[24] Ídem.

[25] Ibíd. p. 172.

[26] Ibíd. p. 180.

[27] G. Plejánov, El desarrollo de la concepción monista de la historia, México, Fondo de Cultura Popular, 1958, p. 14.

[28] Jorge Plejánov, La concepción materialista de la historia de Carlos Marx, México, Ediciones Roca, 1974, p. 33.

[29] Ídem.

[30] López Obrador, op. cit., p. 173.

[31] Ibíd. p. 174.

[32] Cfr. Noticias Milenio, “AMLO insiste en buscar una sociedad no materialista”, Milenio, 23 de junio de 2021, consultado 14 de julio de 2021, https://www.youtube.com/watch?v=lLK2lnT6W6g.

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