Por Ehécatl Lázaro
Junio 2021

El saldo electoral del pasado 6 de junio nos interpela directamente a quienes esperábamos un resultado desfavorable al partido en el poder. Morena ganó 11 de las 15 gubernaturas disputadas y a partir de octubre tendrá la titularidad del poder ejecutivo en 17 estados; en el Congreso de la Unión perdió 53 diputados, pero sigue siendo la principal fuerza política; tendrá el control de 19 congresos locales; y en el nivel municipal, si bien perdió la mayoría de las alcaldías en la Ciudad de México, fue el partido que más ayuntamientos ganó en el plano nacional. Estos no son los resultados que esperábamos.

¿Cómo explicar que las fallas del gobierno morenista no impacten negativamente en la evaluación que las clases populares hacen de él? AMLO no ha combatido eficientemente los principales problemas del país: la inseguridad, el desempleo, la desigualdad y la pobreza, pero los votantes no asociaron esos resultados al desempeño del presidente y de su partido en el ejercicio del poder. Además, esto no aplica únicamente para los problemas más importantes del país, sino también para las tragedias más estrepitosas, como los muertos de Tlahuelilpan, los muertos de la pandemia y el derrumbe de la Línea 12 del metro; o la escasez de medicamentos y el mal trato que el presidente da al movimiento de las mujeres por defender sus derechos. Nada de esto ha impactado de manera sustancial en la aprobación del gobierno de AMLO, tal como lo muestran los recientes comicios.

¿De dónde surge la aparente inmunidad de AMLO y Morena ante su falta de resultados y sus fracasos? Desde mi perspectiva, hay dos factores que pueden ayudar a explicar este fenómeno: por un lado, las profundas consecuencias socioeconómicas del modelo neoliberal y, por el otro, nuestra decadente clase política.

Es claro que las elecciones de 2018 significaron un rotundo rechazo al modelo neoliberal que representaban los partidos tradicionales. Luego de 35 años de aplicación de un modelo que generó más pobreza y desigualdad, el pueblo mexicano encontró una alternativa atractiva en el discurso de López Obrador y su partido. Su llegada al poder fue facilitada por la connivencia del PRI de Peña Nieto y por la aprobación del gobierno de Estados Unidos, sí, pero fundamentalmente fue el gran descontento incubado durante 35 años en el seno del pueblo mexicano lo que catapultó a Morena a Palacio Nacional. El de AMLO era un proyecto antineoliberal cuyo diagnóstico de la situación nacional recibió amplia aceptación entre las masas populares, las clases medias y las organizaciones de izquierda; sin embargo, hubo fuertes críticas en los métodos que ese proyecto se proponía aplicar para corregir la injusta realidad nacional, como la lucha contra la corrupción o la purificación moral del país.

El surgimiento de una plataforma política que señalara con energía las consecuencias negativas del modelo neoliberal sufridas por el pueblo mexicano encontró en esas mismas masas populares una amplia base social. Al mismo tiempo, el desprestigio que se ganaron a pulso el PRI y el PAN como responsables de instalar y gestionar el modelo neoliberal en México, les enajenó casi la totalidad del apoyo popular y quedaron desfondados. En esas circunstancias, el triunfo de Morena en 2018 fue visto por muchos votantes como la única vía posible para escapar de la espiral neoliberal. Sin embargo, ya en el poder, Morena no solo demostró que sus propuestas de “regeneración nacional” eran incapaces de combatir exitosamente al modelo neoliberal, sino que terminó profundizando las consecuencias negativas generadas por ese modelo al implementarlo con gran torpeza. Y esto no es un asunto de enfoques u opiniones, sino la dura realidad: todos los datos disponibles respaldan la afirmación de que la actual administración ha venido a agudizar los principales problemas del país. No debe quedar ninguna duda al respecto.

¿Por qué a pesar de esta realidad Morena conserva una parte importante del apoyo popular? Aquí entra el factor de nuestra clase política decadente. Los otros partidos existentes (PAN, PRI, PRD, MC, etc.) han sido incapaces de construir una propuesta política que interpele positivamente a las masas populares mexicanas; siguen atrapadas en el horizonte político de ese neoliberalismo que recibió un aplastante rechazo en 2018. A eso se debe que las múltiples críticas (correctamente fundadas) que le hacen estos partidos al gobierno morenista no logran convencer a los votantes de que los partidos tradicionales son mejores opciones de gobierno: no tienen un proyecto de país que ponga en el centro de sus preocupaciones mejorar las condiciones de vida de las masas populares. Resulta extremadamente difícil que el pueblo mexicano abandone la esperanza que le generó la llegada de Morena al poder si a cambio de ello se le ofrece elegir a quienes siguen planteando el ya caduco modelo neoliberal.

La pérdida de apoyo popular por parte de Morena es un proceso que necesariamente ocurrirá. Pero la velocidad con la que este proceso se desarrolle no depende tanto de las fallas de gobierno que ese partido tiene como de las plataformas políticas que se presenten como alternativas. Si las masas populares siguen apoyando a Morena a pesar de todos los resultados negativos, esto se debe a la necesidad desesperada de cambiar el rumbo del país. Se aferran a Morena como a un clavo ardiendo porque actualmente no existe otro partido que presente un diagnóstico crítico de la realidad nacional. En otras palabras, Morena puede seguir cometiendo todos los errores posibles en su gobierno, y los medios, la sociedad civil inconforme y los partidos políticos opositores pueden seguir criticando correctamente esos errores, pero mientras no exista una propuesta política dispuesta a superar el modelo neoliberal en pro de mejorar las condiciones de vida de las clases populares y las clases medias, el manto protector que hasta ahora mantiene inmune a AMLO y a Morena seguirá ahí. Esta inmunidad no puede ser eterna, es verdad, pero la falta de educación política del pueblo mexicano permite pensar que, de no surgir alternativas políticas, podrían pasar algunos lustros antes de que Morena pierda el apoyo popular que ahora tiene.

Ante esta realidad solo hay dos salidas posibles: o los partidos de oposición queman sus naves y se reinventan a partir de un programa que ponga en el centro a las masas populares y que se proponga trascender el neoliberalismo mediante acciones bien planeadas y ejecutadas, o surgen nuevos partidos que cumplan con esa plataforma política que demanda con urgencia nuestra situación nacional. Son tres las condiciones indispensables: poner en el centro a las masas populares, trascender el modelo neoliberal, y una planeación y ejecución científica de la política pública para lograr el objetivo deseado.

A nivel mundial, las condiciones son propicias para impulsar un cambio de modelo económico en México, pues las principales potencias capitalistas (incluido Estados Unidos) ya comienzan a buscar formas de superar ese modelo para escapar a la crisis social y política a la que se acercan. A nivel nacional, las condiciones también son propicias para el surgimiento de partidos antineoliberales, pues el discurso de AMLO (que no los hechos) obliga a los partidos a colocarse en ese registro si quieren tener alguna capacidad de convencimiento entre las masas populares.

Por todo lo anterior, parece difícil, por ahora, que Morena no vuelva a ganar las elecciones en 2024, aunque se le pueden ganar diversos espacios para acotar su poder. Sin embargo, los tiempos legales dictan que en 2025 habrá oportunidad de registrar a quienes busquen fundar un nuevo partido, y eso abre la posibilidad de que en las elecciones intermedias de 2027 comiencen a posicionarse los nuevos partidos y que en 2030 den la batalla por la Presidencia de la República. Es una ruta larga, pero no parece haber otra opción. Mientras tanto, a quienes nos proponemos transformar a México en un país más justo, menos desigual y más democrático, nos toca resistir los ataques del poder y perseverar en la educación y organización del pueblo, única manera de avanzar hacia la construcción de un país más vivible para todos los mexicanos.


Ehécatl Lázaro es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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