Por Ehécatl Lázaro
Abril 2021

La creciente influencia económica de China a nivel mundial ha suscitado un importante debate entre los académicos de la tradición marxista: ¿es China un país imperialista? La cuestión surge de una premisa básica: si todos los países capitalistas desarrollados tienden a convertirse en imperialistas por la propia naturaleza del capital, entonces China, que es ya un país capitalista desarrollado, debe ser, o está en camino de serlo, un país imperialista. La mayoría de los análisis responden positivamente a la pregunta planteada; sin embargo, hay algunas voces discordantes.

Es el caso de David Kotz y Zhongjin Li[1], un par de académicos estadounidenses especialistas en economía política china. Kotz y Li parten de la definición de imperialismo acuñada por Lenin en Imperialismo, fase superior del capitalismo, y señalan que, aunque Lenin apuntó cinco aspectos económicos para caracterizar al imperialismo, el revolucionario ruso no restringió el concepto a las puras relaciones económicas, sino que el concepto contempla también una dimensión política. Así, partiendo de Lenin, Kotz y Li definen al imperialismo como la “dominación económica y política de un país por la clase dominante de otro país realizada con el objetivo de extraer beneficios económicos para esa clase dominante”. La dominación política se entiende aquí de la siguiente manera: las clases capitalistas pueden establecer relaciones de dominación económica en otros países por medio del establecimiento de sus empresas, pero solo pueden establecer relaciones de dominación política a través del Estado.

Una vez delimitado el concepto, los académicos estadounidenses pasan a caracterizar la base económica del modo de producción actualmente prevaleciente en China. Para ello, los investigadores recuperan los tres aspectos que Marx apunta en El Capital como centrales de toda economía capitalista: 1) Se producen mercancías para el intercambio en el marco de una economía de mercado, 2) La relación fundamental de producción se da entre trabajadores libres y propietarios de los medios de producción y 3) El objetivo de la producción es la ganancia mediante la apropiación del plustrabajo de la clase trabajadora. ¿Se puede caracterizar a China a partir de estos tres aspectos?  Sí. La reforma impulsada desde 1978 por Deng Xiaoping ha logrado que hoy la economía china sea, fundamentalmente, una economía de privados. Los propios datos del Estado chino lo expresan así: de 1998 a 2018 la propiedad pública del sector industrial cayó del 69% al 39% y la propiedad privada creció del 31% al 61%; en el mismo periodo la generación de empleo en el sector industrial por parte de empresas públicas pasó del 60% al 18% y los empleos generados por empresas privadas crecieron del 40% al 82%. Si bien hay participación estatal, la economía china es predominantemente una economía de mercado: la base económica del modo de producción existente en China es capitalista.

De acuerdo con la teoría marxista, la clase social económicamente dominante es también la clase que domina al Estado; por lo tanto, en una sociedad económicamente dominada por la clase capitalista, se espera que esa clase también controle al Estado. Sin embargo, Kotz y Li explican que dentro del capitalismo esto no necesariamente ocurre así, sino que ha habido casos de economías capitalistas con Estados no dominados por la clase capitalista. Esto es, de acuerdo con los académicos, el fenómeno que se presenta en China. La economía es dominada por los capitalistas, pero el Estado es dominado por el Partido Comunista de China (PCCh). Si bien el partido comenzó a aceptar a grandes empresarios privados desde 2001, estos no son la mayoría, no han logrado insertarse en los órganos de decisión más importantes y no controlan el partido. El PCCh es controlado por un grupo dirigente que no responde a los intereses de los capitalistas chinos, sino que tiene sus propios objetivos: 1) Promover el desarrollo de la economía china, 2) Promover el desarrollo tecnológico y 3) Hacer de China una potencia económica y política mundial. El PCCh utiliza al Estado para alcanzar estas metas.

La consecución de estos objetivos no exige el establecimiento de relaciones imperialistas con los otros países del mundo, sino que ha dado origen a relaciones de beneficios mutuos, que incluso son menos costosas que las relaciones de dominación política y económica. Por supuesto, la clase capitalista china tiene una tendencia hacia el imperialismo; sin embargo, mientras el Estado esté controlado por el PCCh y no por los capitalistas, China no operará como un país imperialista.

Como soporte empírico a su argumentación teórica, Kotz y Li revisan la relación de China con países de Asia, África y América Latina en los últimos años, y sostienen que el comportamiento de China en todos esos casos no sigue una dinámica imperialista. Estos son argumentos de una discusión que sigue abierta.


Ehécatl Lázaro es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

[1] Kotz y Li, “Is China imperialist? Economy, State and Insertion in the Global System”, diciembre 2020.

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