Por Jorge López Hernández
Marzo 2021

El envejecimiento de la población es consecuencia de la transición demográfica, fenómeno que se caracteriza por el cambio que presentan las principales variables demográficas, es decir, el paso de altas tasas de mortalidad infantil, de natalidad y de fecundidad a tasas bajas de crecimiento, y el aumento de la esperanza de vida al nacer. Este fenómeno demográfico es en parte resultado de las mejoras en el bienestar de la población.

El envejecimiento de la población mexicana inició en los años 70 con la disminución progresiva de la población de niños y adolescentes (0-14 años), es decir, la base de la pirámide poblacional empezó a reducirse en esos años e inició su ensanchamiento en la parte media. El índice de envejecimiento[1] de la población mexicana ha aumentado: en 1990 era de 16 y en 2015 pasó a 38. El número de adultos mayores (60 y más) pasará de 6.7 millones en el año 2000 a 36.5 millones en el año 2050[2]. El censo de población 2020 indica que el 12.1% de la población pertenece a la tercera edad, es decir, más de 15 millones de personas son adultos mayores.

Ante el inminente envejecimiento de la población mexicana, es decir, con el aumento del número de adultos mayores, surgen nuevos problemas sociales relacionados con la salud y los ingresos de este grupo poblacional, que la sociedad y el Estado deben atender. Por tanto, conocer sus condiciones actuales de salud y de ingresos es de suma importancia para poner en la discusión pública los retos y problemas derivados de este fenómeno poblacional, y sobre todo para exigir al gobierno cumpla con su responsabilidad de otorgar una vida digna a la población mexicana en general y a los adultos mayores en particular.

Las necesidades de los adultos mayores son en general conocidas por su naturaleza; a mayor edad, requieren de más cuidados, mayor atención, y de servicios especializados. Además, requieren de atención a problemas derivados de la situación social y económica de nuestro país como el alto porcentaje de personas con enfermedades crónico-degenerativas y la falta de pensión (ingreso) que les aseguren una vejez digna.

Del total de la población mexicana el 51.2% son mujeres y el 48.8% son hombres[3]. Esta proporción se refleja también en los adultos mayores, es decir, hay más mujeres de la tercera edad que hombres. Del total de la población masculina[4], los adultos mayores representan alrededor del 9%, y del total femenino, las mujeres de la tercera edad representan el 10%. Se proyecta que para 2050 las mujeres y hombres de este grupo poblacional representen 23.3% y 19.5% respectivamente.[5]

El 89.5% de los hombres viven en hogares familiares[6] y solo el 9.2 % vive solo. En el caso de las mujeres, el 84.9% vive en hogares familiares y el 12% vive sola.[7] Sin embargo, hay una tendencia creciente a que los adultos mayores vivan solos[8].

En cuanto a su situación laboral, el 33.8% es parte de la Población Económicamente Activa (PEA), el 37.7% se dedica a las labores del hogar, y el 16.2% está jubilado y pensionado. Por sexo, en mujeres el 19.4% es parte del PEA, 62.8% se dedica a las labores del hogar y 8.7% está jubilada y pensionada. En hombres, en los mismos indicadores, se tienen los siguientes datos: 50.8%, 8% y 25.1%, respectivamente[9]. En lo referente al ingreso; el 54% de los adultos mayores recibe ingresos por remesas, 46.1% por trabajo o negocio, el 38.5% por programas sociales y solo un 5% por rentas. Conforme avanza la edad el ingreso por trabajo o negocio disminuye y las únicas fuentes de ingreso son las remesas y los programas sociales. Al analizarlo por sexo, vemos que hay mayor cantidad de hombres (58.4%) que reciben ingresos por trabajo, contra 31.6% en mujeres. Es importante destacar que el 27.3% de los hombres que tienen 80 años y más, recibe ingresos por trabajo, lo que significa que aún en esa edad siguen laborando. Las transferencias son recibidas en mayor proporción por las mujeres (59.3%) contra 48.4% en hombres. En cuanto a los programas de gobierno las mujeres son las más beneficiadas (45.7%) contra 31.4%[10] en hombres.

El estado de salud[11] de los adultos mayores en general no es bueno debido a que una proporción importante padece enfermedades crónico-degenerativas. El 25.8% padece diabetes, siendo las mujeres las que más la padecen y los que viven en las zonas urbanas. El 45.2% padece hipertensión, el 37.8% sobrepeso, el 35.6% obesidad y el 8.1% enfermedades cardiovasculares[12]. El 20.4% de la población de la tercera edad padece Hipercolesterolemia[13], y en mayor proporción en el grupo de edad de 60-69 años (24.7%) y las mujeres. El 3.7% tiene embolia y los que la padecen en mayor proporción son el grupo de población de 80 o más años (5.3%). El 3.6 % tiene algún tipo de cáncer y las mujeres la padecen en mayor proporción con 4.4%.

En relación con la salud mental, los adultos mayores padecen síntomas depresivos, deterioro cognitivo y demencia en las siguientes proporciones, 17.6%, 7.3% y 7.9%, respectivamente. Las mujeres son las que presentan estos problemas en mayor proporción.  

Entre los problemas relacionados con la pérdida de autonomía que padecen los adultos mayores se encuentran los que tienen que ver con las dificultades para realizar actividades básicas de la vida diaria como: caminar (18.4%), bañarse (12.5%), acostarse o levantarse de la cama (15.3%) y vestirse (13.3%) y las que tienen que ver con dificultades para realizar actividades instrumentales de la vida diaria, tales como: preparación de alimentos (10.6%), compra de alimentos (17.1%), administración de medicamentos (9.9%) y manejo de dinero (8.1%). Las mujeres son las que presentan en mayor proporción estas limitantes.

Los datos anteriores muestran que la población mexicana pasa los últimos años de su vida enferma y trabajando. Los que no tienen pensión, que son mayoría, trabajan hasta sus últimos días, completando su ingreso con remesas, transferencias y con programas de gobierno. A pesar de que la mayoría vive con su familia, la tendencia es que en el futuro una cantidad importante de adultos mayores vivan solos. La vejez en México no es más que la síntesis de las privaciones y de los problemas que vivieron las personas en la edad productiva, con el agravante de la edad avanzada y las enfermedades. ¿Qué hacer entonces para asegurar una vejez digna a la población mexicana? En primer lugar, se debe partir de que los problemas que surgen a partir del envejecimiento de la población son de carácter social, por tanto, es responsabilidad del Estado brindar una vejez digna a la población.

El sistema de pensiones de cuentas individuales (Afores) tiene implícita la visión de que el bienestar en la vejez es responsabilidad única y exclusiva del individuo. Por tanto, debe preocuparse en su vida productiva sobre los problemas que tendrá en el futuro y, sobre todo, debe ahorrar una cantidad suficiente de dinero para hacer frente a la vejez. Esta visión exime al Estado de sus responsabilidades y no toma en cuenta la situación económica y social del país.

Con la universalización de la pensión del adulto mayor el actual gobierno dice que ha cumplido con este grupo poblacional. Es cierto que quien se beneficia de esta transferencia mejora su ingreso, sin embargo, es insuficiente y hasta hoy alrededor de 7 millones de personas de 60 y más[14] no cuentan con ese apoyo.

Para asegurar una vejez digna a la población mexicana el estado debe tomar medidas urgentes en dos aspectos: 1) políticas de prevención en la población adulta (en edad productiva) para disminuir los problemas y costos en el futuro y 2) atender los problemas de salud y de ingresos que presentan actualmente los adultos mayores. Para el primer aspecto es urgente mejorar el mercado de trabajo, creando condiciones para transitar del empleo informal al formal que se reflejen en mayores salarios y mejores prestaciones sociales. Con estas medidas, los trabajadores tendrán mayor capacidad para ahorrar para su vejez. Además, es urgente atacar los problemas de la mala alimentación de la población para disminuir los casos de diabetes, hipertensión, y sobrepeso. Para el segundo aspecto, se debe atender los problemas de salud creando infraestructura especializada para las enfermedades del adulto mayor como clínicas, hospitales, estancias del adulto mayor, etc. Además, se deben crear recursos humanos suficientes en cuidados geriátricos. Esto implica incrementar el presupuesto en salud en al menos 6% del PIB, tal como lo recomienda la OMS.

Cuidar de los adultos mayores y dar una vejez digna es una responsabilidad social que debe atender el Estado. Luchemos contra el sistema económico que ve y trata a los hombres y mujeres como objetos que tienen una vida útil y cuando esta se termina solo hay que abandonarlos cual si fueran máquinas viejas.


Jorge López Hernández es economista por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

[1] El índice de envejecimiento se refiere al número de personas adultas mayores por cada 100 niños y jóvenes

[2]  (Partida, 2015)

[3] INEGI 2021

[4] Los datos corresponden al año 2014.

[5][5] INAPAM 2014

[6] Se refiere a alguna de las siguientes modalidades: hogares nucleares, ampliados y compuestos.

[7] El porcentaje faltante de hombres y mujeres vive en hogares de tipo corresidentes (hogares formados por personas que no tienen relación de parentesco con el jefe del hogar)

[8] INEGI 2010

[9] ENOE 2014

[10] ENIGH 2012

[11] Los datos de salud que se presentan en este apartado provienen del estudio realizado por Manrrique, E., et al. (2013). Condiciones de salud y estado funcional de los adultos mayores en México. Salud Pública de México, 55(Supl. 2)

[12] CONEVAL 2021

[13] Consiste en la presencia de colesterol en sangre por encima de los niveles considerados normales. 

[14] Si se toma en cuenta el censo de población 2020 hay un poco más de 15 millones de adultos mayores (60 y más) y el padrón más reciente de la Secretaría del Bienestar cuenta con 8 millones de beneficiarios del programa Pensión de adultos mayores.