Por Ehécatl Lázaro
Enero 2021

El Partido Comunista de China (PCCh) es el partido más grande del mundo y quizá también el más poderoso: con sus 91 millones de miembros, el PCCh comanda los destinos de una potencia habitada por mil cuatrocientos millones de seres humanos. Para alcanzar las dimensiones y la fortaleza que tiene hoy, el partido ha debido recorrer un sinuoso camino que abarca cien años.

Como pasó en otros países del mundo periférico, en China el partido comunista se fundó como consecuencia de las repercusiones globales que tuvo la Revolución Rusa de 1917. En China, las primeras inquietudes sobre el comunismo surgieron en la Universidad de Pekín y estuvieron muy relacionadas con el Movimiento del 4 de Mayo, una serie de movilizaciones estudiantiles realizadas en 1919 en la capital china en contra de los efectos perniciosas que se derivaron del Tratado de Versalles, como la cesión del territorio de Manchuria a Japón, entre otros. Aprovechando la energía revolucionaria del Movimiento del 4 de Mayo, y apoyados por la Internacional Comunista que dirigía Lenin, finalmente los comunistas fundaron su partido en 1921. Era tan incipiente el movimiento que solo 12 delegados asistieron al Primer Congreso, uno de los cuales era Mao Tse Tung.

Siguiendo los consejos emitidos por Moscú, el partido buscó aumentar su fuerza entre las masas y se alió con el Kuomintang (KMT), el Partido Nacionalista que entonces dirigía Sun Yat-sen, el fundador del sistema republicano en China. Al lado del Kuomintang, el PCCh luchó contra los Señores de la Guerra, que se habían dividido el territorio chino tras la caída del último emperador (1912), para unificar a todo el país en torno al gobierno central y poner fin a las disputas militares internas. En 1927, el KMT dirigido por Chiang Kai-shek traicionó al PCCh, rompió la alianza militar, y comenzó la persecución contra los comunistas. El partido se refugió en las áreas rurales relativamente inaccesibles de la provincia de Jiangxi y en 1931 fundó ahí el Soviet de Jiangxi, un pequeño Estado comunista autónomo. El acoso y la persecución de Chiang Kai-shek obligaron al PCCh a emprender la retirada hacia el norte del país y comenzó la Larga Marcha, una caminata que duró dos años y mediante la cual el Soviet de Jiangxi escapó del KMT y pudo reubicarse en Yan’an, que se convirtió en la base comunista hasta el fin de la guerra. Sin embargo, a pesar del conflicto que mantenían, el PCCh y el KMT nuevamente formaron una alianza militar para luchar contra la invasión japonesa. Tras de la liberación (ocurrida en 1945, con la derrota de Japón en la Segunda Guerra Mundial) el conflicto interno se reanudó y, finalmente, en 1949 el PCCh logró triunfar sobre el KMT. Ese año, en Beijing, Mao declaró la fundación de la República Popular de China.

Con Mao a la cabeza, el partido pasó de ser un pequeño grupo de veinte miembros a gobernar el país más poblado del planeta. El espíritu marxista-leninista que siempre promovió Mao en el PCCh, llevó al partido a emprender ambiciosos proyectos orientados a establecer una sociedad socialista. El Gran Salto Adelante buscó revolucionar las fuerzas productivas para sacar a China del estado semifeudal en el que se encontraba y la Revolución Cultural se propuso exterminar las reminiscencias de la cultura burguesa y pequeñoburguesa para consolidar la transformación revolucionaria china.

La llegada de Deng Xiaoping al poder (1978) significó una ruptura con la línea maoísta. Deng impulsó al interior del PCCh un cambio de concepciones: la lucha de clases pasaba a segundo plano y el desarrollo de las fuerzas productivas y la generación de riqueza se convirtieron en el objetivo primordial del corto plazo. Esto se reflejó en reformas económicas como la reaparición de la propiedad privada de los medos de producción (eliminada con Mao), la retracción del Estado en la economía y el abandono del pleno empleo. Jiang Zemin (1993) mantuvo la línea desarrollada por Deng y la reforzó mediante la Teoría de las Tres Representaciones, la cual postuló que el PCCh ya no debía ser solo el partido de la clase proletaria sino también el de las fuerzas avanzadas de la producción (empresarios) y el de las fuerzas avanzadas de la cultura (intelectuales, artistas y científicos). Esto significó el ingreso de algunos de los hombres más ricos de China a las filas del partido.  Por su parte, en la misma línea que habían desarrollado Deng Xiaoping y Jiang Zemin, Hu Jintao (2003) desarrolló la Concepción Científica del Desarrollo.

Desde 2012 Xi Jinping es el Secretario General del PCCh. Xi ha impulsado el estudio y la práctica del marxismo tanto al interior del partido como en la sociedad china en general, ha planteado la necesidad de ponerle más restricciones a la propiedad privada de los medios de producción, ha pugnado por un desarrollo económico más sustentable y ha combatido la corrupción que se generó en el partido a partir de las reformas iniciadas con Deng. Este 2021, el PCCh llega a su centenario de vida con grandes éxitos como conductor del gigante asiático. Su historia, desde Mao hasta Xi, encierra grandes lecciones para los partidos revolucionarios de todo el mundo.


Ehécatl Lázaro es licenciado en Estudios Latinoamericanos por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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