Por Alan Luna
Diciembre 2020

Guerra y Paz de Tolstói es uno de los libros mas destacados de la literatura rusa. Por la amplitud de temas que trata, es posible encontrar reflexiones importantes sobre problemas que desde hace mucho tiempo han ocupado la reflexión del género humano.

Aparentemente la historia se ocupa de la cotidianidad de la aristocracia rusa durante las guerras napoleónicas, pues esta clase cree tener la voluntad de Rusia en sus personas.

El tema de la guerra aparece muy pronto en la novela y permite observar la importancia que tiene para la nobleza poner a prueba su honor y su servilismo al zar Alejandro, o las ganas que tienen de conocer a Napoleón, la gran leyenda viviente que impresionaba a sus adversarios.

Dentro de todo lo que los personajes de Guerra y Paz ven en la guerra, hay una cuestión que poco a poco coge fuerza y es la de quién dirige la historia. ¿Napoleón?, ¿el zar Alejandro?, ¿los nobles que participaban en la guerra?, ¿los generales que dirigían las tropas? Todos ellos son los personajes más visibles, los que quedan en los libros de historia, aquellos que, supuestamente, gracias a su forma de pensar, lograron que se ganara o se perdiera la guerra.

Tolstói sostiene que no es así, que, aunque todo mundo creyó saber cómo se desenvolvería la historia, en realidad nada podría haber previsto cada una de las particularidades que se presentaron en la guerra y que desembocaron en la retirada de los franceses en Moscú.

Este azar por el que Tolstói se decanta en su explicación del curso de la historia tiene su explicación. La realidad es compleja, son muchas particularidades las que la componen; ni el esquema más complejo puede recuperar la riqueza de la realidad. En el libro se relata muy claramente, cuando reflexionando acerca de la guerra y viendo sus complicaciones alguien menciona que es como un juego de ajedrez, a lo que otro apunta que, aunque parecido, en el ajedrez tienes la certeza del valor de las piezas, que siempre hay manera de asegurar la partida privando al adversario de las piezas importantes o creando superioridad numérica, pero que en la guerra no pasa así, a veces un pequeño destacamento logra derrotar a gran cantidad de la armada contrincante y esto muchas veces por razones que no estuvieron en la pizarra de los generales. Sin duda esta concepción de la historia es discutible.

Otra temática más interesante aún es una de las preocupaciones por las que el autor se decide por esta explicación de los eventos históricos. Atribuirle a una persona la decisión del curso de la historia es creer que la voluntad individual decide el destino de toda una nación, lo que en estricto sentido sería negar la valentía del pueblo ruso. Cuando los franceses empezaron a penetrar el territorio ruso y después de las batallas perdidas de estos últimos, se empezó a reclutar a cualquiera. Ni los generales ni el zar tenían un plan para hacer triunfadores a los rusos, los nuevos reclutas iban a ser utilizados prácticamente como carne de cañón, nadie les dijo a qué plan táctico debían ajustarse y, contra todo pronóstico, fueron ellos y su coraje los que más daño hicieron a los franceses.

La literatura de Tolstói muestra una verdad de ese tiempo y de ahora: las mentes individuales, por muy grandes planes que tengan, solamente serán efectivas si las masas hacen suyos tales planes, de no ser así, el pueblo verá la manera de salir triunfante de los problemas que se le planteen.


Alan Luna es filósofo por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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