Por Citlali Aguirre
Noviembre 2020

 “Todo socialismo no ecológico es un callejón sin salida y una ecología no socialista es incapaz de tomar en cuenta las apuestas actuales”[1]. El modelo de producción y consumo actual, especialmente el de los países avanzados, está fundado en una lógica de acumulación ilimitada (de capital, mercancías y ganancias), de despilfarro y destrucción acelerada del entorno natural, así como en el consumo ostentoso. El “progreso” capitalista y la expansión de la civilización fundada en la economía de mercado han amenazado grave y directamente a la naturaleza y a la salud de la fuerza de trabajo (incluida la biología humana), por no mencionar a las demás especies. Estos efectos se han agravado a partir de la segunda mitad del siglo XX, llegando al grado de amenazar la propia supervivencia de la especie humana.

En este contexto, y desde hace aproximadamente 30 años, comenzó a desarrollarse el ecosocialismo, gracias a las contribuciones de sociólogos, filósofos y ecologistas como Manuel Sacristán, James O’Connor, Raymond Williams, Barry Commoner, André Gorz, John Bellamy Foster, Michael Löwy, Jorge Riechman, Jean-Paul Deléage, entre otros.  El ecosocialismo es una corriente de pensamiento y de acción ecológica que hace propios los planteamientos fundamentales del marxismo, al tiempo que “se liberan de sus escorias productivistas”[2]. Se trata de una corriente que está lejos de ser homogénea, pero que tiene como objetivo común un socialismo ecológico: una sociedad en la que se reemplace la microrracionalidad de la ganancia por una macrorracionalidad social y ecológica.

 A grandes rasgos, el ecosocialismo supone la propiedad colectiva de los medios de producción y plantea una planificación democrática local, nacional, y tarde o temprano, internacional, que defina: 1) qué productos deberán ser subvencionados o, incluso, distribuidos gratuitamente; 2) qué opciones energéticas deberán ser continuadas, aún si no son, en el corto plazo, las “más rentables”; 3) cómo reorganizar el sistema de transportes, en función de criterios sociales y ecológicos; y 4) qué medidas tomar para reparar, lo más prontamente posible, los grandes estragos ambientales heredados por el capitalismo.

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Los ecosocialistas pugnan también por la necesidad de una nueva estructura tecnológica de las fuerzas productivas; consideran que el crecimiento ilimitado de las fuerzas productivas en un planeta finito es imposible. A diferencia del marxismo tradicional, argumentan que no es suficiente transformar las relaciones de producción y las relaciones de propiedad, sino que al mismo tiempo se deben frenar y transformar radicalmente varias fuerzas productivas que están contribuyendo al desequilibrio del sistema de la Tierra. Es necesario entonces revolucionar el aparato productivo, transformar radicalmente su naturaleza. Esto puede significar la desaparición de algunas ramas productivas, por ejemplo, algunas técnicas de pesca intensiva responsables de la casi extinción de numerosas especies marinas, la tala total de las selvas tropicales, las centrales nucleares, etc.

En su artículo “The Second Contradiction of Capitalism”, James O´Connor expone la necesidad de agregar a la primera contradicción del capitalismo, examinada por Marx, que se da entre fuerzas y relaciones de producción, una segunda, entre las fuerzas productivas y las condiciones de producción (los trabajadores, la naturaleza y el espacio urbano)[3]. Por su dinámica explotadora y expansionista, el capital pone en peligro o destruye sus propias condiciones, empezando por el medio natural.

Para los ecosocialistas, la lógica del mercado y de la ganancia es incompatible con las exigencias de protección del medio ambiente natural. El aparato productivo, que está al servicio de la acumulación del capital y de la expansión ilimitada del mercado, está en flagrante contradicción con las exigencias de salvaguardia del medio ambiente y de la salud de los trabajadores. La prácticamente nula racionalidad del mercado capitalista, con su cálculo inmediatista de pérdidas y ganancias, es intrínsecamente contradictoria con una racionalidad ecológica, que precisamente considera la temporalidad de los ciclos naturales, los cuales son, generalmente, largos. La carrera hacia la ganancia rápida destruye los equilibrios naturales. En este sentido, los ecosocialistas difieren del “capitalismo verde” y de los “ecorreformistas”, que proponen reformas parciales e insuficientes dentro del capitalismo, ignorando la conexión necesaria entre el productivismo y el capitalismo, que los lleva a la ilusión de un “capitalismo limpio”; o bien a la idea de que es posible y deseable reformar al capitalismo con el fin de controlar sus excesos.

El ecosocialismo se distingue también de la “teoría del decrecimiento” inspirada por Serge Latouche, así como de la corriente fundamentalista ecológica profunda (deep ecology) y de la “penitencia y ascesis individual” que parecen proponer tantos ecologistas. Estas corrientes coinciden en una crítica cultural del consumismo, misma que los ecosocialistas consideran necesaria, pero insuficiente. Además, pasan por alto o le otorgan mínima importancia a la crítica marxiana del capitalismo. Para el ecosocialismo, una relación que ignora el marxismo y particularmente la relación entre productivismo y lógica de la ganancia está condenada al fracaso. Como ejemplo toman a los partidos verdes europeos, en Francia, Alemania, Italia, Suecia, Bélgica, cuya ausencia de posición anticapitalista los condujo a convertirse en simples compañeros “ecorreformistas” de la gestión social liberal del capitalismo por parte de los gobiernos de centroizquierda.

La expropiación y socialización del capital por el Estado no trastoca por sí misma esa esencia productivista y extractivista del capital. Por eso, dicen los ecosocialistas, la transformación social no debe operarse únicamente a nivel de la economía ni del derecho propietario. Estos son elementos esenciales, pero no determinantes, ya que la lógica del capital puede seguir actuando incluso cuando el Estado ha nacionalizado la mayor parte de la gran propiedad privada. En este sentido, pugnan también por la transformación profunda del modo de consumo que, dentro del capitalismo, gira en torno a un consumo energético siempre creciente. La dependencia de los combustibles fósiles, especialmente el petróleo, apoyó el crecimiento económico bajo el capitalismo y fue el factor clave para la dominación de la industria[4], pero también ha conducido al cambio climático y a la intensificación de sus devastadoras consecuencias. Si se generaliza al conjunto de la producción mundial el consumo medio de energía de los Estados Unidos, las reservas conocidas de petróleo serían agotadas en diecinueve días[5].

La superación del capitalismo, dicen los ecosocialistas, requiere de una nueva visión de modernidad: una sociedad moderada, que sea ahorrativa, próspera y prudente en el uso de los recursos que consume. Requiere también de la predominancia del “ser” por sobre el “tener” (planteamiento asimilado del marxismo); de la predominancia de la realización personal en las actividades culturales, políticas, lúdicas, deportivas, artísticas, políticas, antes que la acumulación de bienes y productos. Si el objetivo es que todos los seres humanos consuman como los de los sectores de la clase media o alta en los países primermundistas, jamás saldremos de la lógica del capital[6].

Desde la perspectiva ecosocialista, debe ponerse fin a la producción a gran escala de productos inútiles o perjudiciales, inducidos por la publicidad; la producción debe orientarse hacia las necesidades auténticas, como el alimento, el agua, el vestido y la vivienda. ¿Cómo distinguir entre unas y otras? El criterio para distinguir una necesidad auténtica de una artificial es su persistencia luego de la eliminación de la publicidad. Esta última, dicen, es la pieza indispensable para el funcionamiento y reproducción del capitalismo y tendrá que desaparecer en una sociedad de transición hacia el socialismo. Y ahí donde haya conflicto entre las exigencias de protección al medio ambiente y las necesidades sociales, la democracia socialista, liberada de los imperativos del capital y del mercado, tendrá que resolver esas contradicciones.

Ahora bien, ¿cómo se alcanzará el socialismo ecológico? Con una alianza de los “rojos” y los “verdes”, responde el ecosocialismo. No se trata de abandonar el “rojo” y adherirse absolutamente al “verde”, como lo han planteado algunos. Los partidarios del ecosocialismo reconocen que los trabajadores y sus organizaciones son una fuerza esencial para cualquier transformación radical del sistema y para el establecimiento de una nueva sociedad, socialista y ecológica. Reconocen también que puede actuarse desde ahora, que la desesperanza en la posibilidad de ecologizar el capitalismo no implicar renunciar a luchar por reformas inmediatas. Dentro del capitalismo, se debe luchar por conseguir mejoras como los ecoimpuestos, siempre y cuando sean fijados por una lógica social igualitaria (que paguen los que contaminan y no los consumidores); se debe luchar también y de manera inmediata por limitar severamente las emisiones de gases de efecto invernadero; por la prohibición de los gases clorofluorocarbonos, que destruyen la capa de ozono; por privilegiar los transportes públicos al automóvil individual y antisocial, entre otros. Pero debe lucharse sin perder de vista la causa profunda y real de la crisis ecológica: el sistema capitalista. La humanidad podrá entonces centrarse en controlar la relación hombre-naturaleza, en lugar de pretender “controlar” a la naturaleza.


Citlali Aguirre es maestra en ciencias biológicas por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales

Referencias

[1] Löwy, M. (2011) Ecosocialismo. La alternativa radical a la catástrofe ecológica.

[2] ibid

[3] James O’Connor, M. 2009. The Second Contradiction of Capitalism. Capitalism Nature Socialism 5(4),105-114.

[4] Foster, J. B., Clark, B., and York, R. 2010. Capitalism and the curse of energy efficiency. Monthly Review, 62(6), 1-12.

[5] Mies, M. 1992. Liberación del consumo, o politización de la vida cotidiana. Mientras tanto, 69-86.

[6] Pablo Solón. 2017. Reflexiones sobre el productivismo. La Diaria, Uruguay. Disponible en: https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/5/reflexiones-sobre-el-productivismo/

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