Por Alan Luna
Septiembre 2020

La guerra de las salamandras es una obra de ciencia ficción del escritor checo Karel Čapek. En ella se narra la historia que sigue al descubrimiento de una especie de salamandras identificadas con algún tipo de anfibio que se creía ya extinto. Durante toda la obra se van entrelazando los elementos fantasiosos con los de la crítica social.

El capitán J. van Torch, quien descubre a las salamandras gigantes, después de mucho reflexionarlo decide estudiarlas más de cerca y encuentra la forma de domesticarlas. Desde entonces las utiliza para su propio beneficio. Hace que le traigan perlas desde las aguas en las que nadan a cambio de modestas recompensas y de mínima protección contra los tiburones, quienes son identificados como sus enemigos naturales.

Desde que se entabla esta relación comercial, llama la atención la forma en que son utilizadas las salamandras trabajando para el capitán Van Torch, sin embargo, la relación inicial está envuelta cierto romanticismo, apoyada en los sentimientos paternalistas del capitán que no dejan ver toda la crueldad que se encierra en la naciente forma de explotación.

Conforme avanza la historia, al incrementarse la población de las salamandras, se hace necesario crear la forma de traspasar las barreras naturales y expandir su hábitat y la forma necesaria que adopta la resolución del problema a los ojos del capitán es la de crear barcos cisterna para transportarlas a otras costas y aprovechar la situación para seguir extrayendo perlas de los mares.

Los anfibios, que ya habían dado muestras de inteligencia y bondad, van desarrollando sus capacidades innatas tanto por su trabajo como por su contacto con el humano, de esta manera aprenden a hablar y a utilizar algunas herramientas para hacer trabajos bajo el agua, primordialmente con la intención de que cada nación saque provecho de sus salamandras, que ya se les vendían como mano de obra. El romanticismo que se percibía en un primer momento en la obra va desapareciendo poco a poco para dar paso a la más descarada explotación del trabajo, con las peores condiciones posibles y con clara ventaja para los que se creían con el derecho de hacer trabajar a las salamandras por ser superiores según ellos mismos. Es por esto que, utilizando todo lo aprendido en materia de ciencia y tecnología, se impulsa una reacción contra la tierra habitada por los humanos para dominarlos y hacerse del control total del planeta.

En la reacción tan descarnada y autoritaria que los animales adoptan muchos han visto una referencia al nazismo, que abiertamente era muy contrario a aquella ideología; incluso se llegan a lamentar algunos de los protagonistas de que se haya dejado crecer lo que desde un principio se mostraba peligroso. De alguna manera es cierto que se puede ver en las formas en las que evoluciona el problema cómo es que se va gestando el modo de pensar fascista de las salamandras, pero también el escritor es muy claro al recordarnos que lo que hace posible la existencia de pensamientos de esa índole, no es la naturaleza de algún ser, sino las condiciones materiales en las que se desenvuelve. El sentimiento de rencor y de venganza que posibilita el fascismo viene a su vez de la historia de humillaciones que han sufrido a lo largo de la historia, y por esto mismo dicha ideología nunca es buen síntoma para una nación, sino muestra de que son necesarios cambios profundos que permitan la elevación cultural de la gente.


Alan Luna es licenciado en filosofía por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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