| Por Alan Luna

Una de las varias funciones que tienen las bellas artes es la de inculcar valores. Son una herramienta para conocer el mundo, pero no el mundo en general, en abstracto, sino un mundo concreto, un mundo fruto de la visión de un artista. El arte nunca es imparcial y esa parcialidad hace que parte de la riqueza de los creadores de arte venga de su particular posición ideológica.  

En condiciones como las de México, donde un pueblo ha sido despojado de su historia, donde se le han metido en la cabeza las aspiraciones de otra cultura para alejarse de los problemas nacionales y para que no cobre conciencia de la enorme falta que le hace a su sociedad, es necesario un arte que le recuerde al pueblo su historia y le inculque un cariño por esa su explotada sociedad.

Jorge González Camarena, perteneciente a la llamada segunda generación de muralistas mexicanos, explora el sentimiento de nación que nos hace reflexionar acerca de nuestro pasado. Conocer y recordar la historia de México, es vital para el sentimiento de identidad entre todos los mexicanos y para, de esta manera, avanzar en la unificación del pueblo, lo que hará posible la acción de las masas.

González Camarena fue oriundo del estado de Jalisco, aunque su educación la recibió en la Ciudad de México, en la Academia de San Carlos. El clima artístico predominante en sus años estudiantiles era nacionalista, así como lo era también en su contexto más inmediato, la primera generación de muralistas mexicanos: Tamayo, Siqueiros y Rivera, por mencionar algunos.

Las pinturas de Camarena se caracterizan por retratar momentos históricos del pueblo mexicano, abarcando episodios de la Independencia, la Revolución, la vida cotidiana, y una sociedad futura con mejores características que la de su tiempo. La fusión de dos culturas y Abrazo retratan la Independencia, Veterano, la Revolución, Frisos de la Televisión, la vida cotidiana, y Liberación presenta una faceta futura del pueblo mexicano y la humanidad.

Pero lo que este gran pintor hizo por el arte nacional no se limita a retratar magistralmente etapas históricas. Camarena estudió la historia del arte azteca, obteniendo resultados asombrosos que nos permiten sentirnos orgullosos de nuestras raíces. Por ejemplo, fue él quien descubrió que los frescos de la iglesia de Huejotzingo, Puebla, fueron creados por Marcos Cipactli —último artista azteca y primer pintor mexicano—, además de exhibir que el primer lienzo de la Virgen de Guadalupe fue autoría de este mismo artista indígena.

González Camarena no fue un artista aislado que persiguiera las alturas por un interés mezquino. Él, como todos los muralistas, creía firmemente que el arte mexicano tenía una historia riquísima que los artistas modernos debían conocer y retomar, para que el pueblo mexicano se enorgulleciera de sus creaciones, para que viera reflejadas sus carencias y tomara valor para eliminarlas, para que la herencia del pasado que nos da unidad nacional no se perdiera en un mundo globalizado.

Es necesario que el trabajo de estos pintores no quede en el olvido y que cumpla el objetivo con el que fue creado: educar al pueblo, hacer que conozca la historia de su arte, que se identifique con las creaciones artísticas, que encuentre en las obras parte del valor para transformar su realidad. La tarea de difundir, desarrollar y promover el arte nacional, está ahora en nuestras manos.


Alan Luna es licenciado en Filosofía por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.

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