| Por Jorge López Hernández

Los malos resultados en materia económica de los últimos 30 años como: las bajas tasas de crecimiento, altos niveles de empleo informal, bajos niveles de productividad, bajo nivel de inversión, entre otros; muestran que el modelo económico de libre mercado aplicado en nuestro país no ha funcionado. Por tanto, es necesario plantear un nuevo modelo económico que revolucione la situación económica y social; para ello, el estado debe tomar en sus manos dos cuestiones fundamentales, la creación y distribución de la riqueza, con el objetivo de incrementar el bienestar de la mayoría de la población.

El estado mexicano guiado por la economía de mercado creé que la forma más efectiva de promover el crecimiento económico es mediante la inversión extranjera directa y, en consecuencia, le ha dado una serie de condiciones para incentivarla a invertir en México. Además, también se cree que, al no cobrarle impuestos a los grandes capitales y a sus ganancias, estos recursos se utilizarán para la inversión. En este sentido, los gobiernos neoliberales y el actual se han dedicado a hacer reformas para otorgar tratamientos preferenciales en el pago de impuestos a amplios sectores empresariales y han exentado del pago a las ganancias del capital. Esto ha provocado que los ingresos públicos vía impuestos sean muy bajos (alrededor del 16% del PIB), comparado con el promedio en los países de la OCDE (alrededor del 25% del PIB).

Aunado a los bajos ingresos, el estado ha mantenido la estabilidad macroeconómica a través del equilibrio de las finanzas públicas, es decir, no se ha gastado más de lo que ingresa a las arcas públicas. Esto ha frenado la expansión del gasto público y como consecuencia el gobierno no ha podido atender las necesidades básicas de la población (salud, educación, vivienda, etc.) y, además, el gasto en inversión ha sido prácticamente nulo. En otras palabras, la política fiscal la han utilizado los gobiernos neoliberales y el actual para beneficiar a las clases altas mediante el nulo o bajo pago de impuestos y con las transferencias de recursos para “impulsar” las actividades productivas del país. Esto ha tenido graves consecuencias sociales y económicas como altos índices de pobreza y de concentración de la riqueza, además, se ha estancado el crecimiento por la baja inversión.

“Sin una política fiscal progresiva no se podrán disminuir la pobreza ni la desigualdad”

Para construir un nuevo modelo económico, el estado debe de hacer uso de la política fiscal para impulsar el crecimiento y distribución de la riqueza, y dejar de utilizar esta herramienta para darle todas las condiciones al capital que les permite extraer la máxima tasa de ganancia, tal como ha sido en todo el periodo neoliberal. Uno de los cambios radicales que tiene que realizar el estado en política fiscal es el incremento de los ingresos tributarios a través del cobro de impuestos a los grandes capitales; de esta manera el estado tendrá la capacidad de cumplir con sus obligaciones en materia social y, además, contará con recursos para destinarlos a la promoción del crecimiento económico.

Sin una política fiscal progresiva no se podrán disminuir la pobreza ni la desigualdad, por eso el estado debe diseñar un sistema impositivo que no permita la evasión y elusión de impuestos, que elimine todos los tratamientos preferenciales a los sectores empresariales, pero sobretodo cobrar impuestos a las ganancias de capital, a las grandes herencias y las transacciones en la bolsa de valores, además, se debe hacer una reestructuración de los impuestos indirectos como el IVA debido a que actualmente son regresivos; en otras palabras se debe buscar que paguen mayores tasas de impuestos quienes tienen mayores ingresos. De esta manera el estado tendrá los recursos suficientes para distribuir la riqueza mediante el gasto público en obras y servicios para la población, además, podrá promover el crecimiento económico mediante la inversión y el financiamiento de proyectos estratégicos. La pobreza y desigualdad no se combaten con una política de austeridad y de combate a la corrupción, sino con una política fiscal progresiva.

Jorge López Hernández es maestro en economía por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
avpa_jorge@hotmail.com

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