Por Arnulfo Alberto

Aunque en los últimos años es notorio un incremento significativo de los flujos migratorios de los países centroamericanos hacia Estados Unidos, principalmente de Honduras, Guatemala y El Salvador, no hay ignorar que también México sigue siendo un país expulsor neto de migrantes. Baste un dato que apoya esta afirmación: la policía fronteriza de los EE. UU. detuvo a 130 mil mexicanos en el año fiscal 2017.

Por esto precisamente, el presidente Donald Trump ha estado presionando al gobierno de México para que haga un mayor esfuerzo por contener este movimiento de personas, que incluyen tanto connacionales como de los países antes mencionados.
No es casual que sean estas naciones precisamente las responsables de este éxodo masivo de personas, fenómeno que se ha convertido ya en una crisis humanitaria de proporciones colosales y que está a punto de originar un conflicto diplomático y comercial entre Estados Unidos y México con efectos devastadores para nuestro país. En efecto, esta tríada de países, junto con el nuestro, que se encuentra dentro de la esfera de influencia del gobierno norteamericano y que han aplicada políticas económicas similares, han mostrado un desempeño pobre en términos económicos, políticos y sociales, con los consecuentes impactos negativos en la vida de millones de personas.

Para entender un poco más la causa de este fenómeno, se puede echar un vistazo a la situación interna de estos países. Aunque la tasa de crecimiento económico anual del producto interno bruto (PIB) ha rondado en las últimas tres décadas en 3.7% en el caso de Guatemala y Honduras, y en 2.6% en el caso de El Salvador, el PIB per cápita es de tan solo 4.5 mil dólares nominales en el caso de Guatemala y de 2.5 y 3.9 miles de dólares en el caso de Honduras y El Salvador, de acuerdo con datos del Banco Mundial. Esto los coloca a nivel mundial en el lugar número 137, 149 y 170, respectivamente, y a la cola de los países de América Latina, solo superados por Haití.

“La incidencia de pobreza es de 90% en Guatemala”

Los niveles de desigualdad que imperan en estos países son igualmente altos. Honduras posee un índice de Gini de 55.5, Guatemala se ubica en 48 y El Salvador en 38. La incidencia de pobreza es de 90% en Guatemala, de 64% en Honduras y de 34% en El Salvador, de acuerdo con varios organismos. Los números de México se sitúan en niveles semejantes: un Gini de 43.4 para 2016 y 43.6% de la población en pobreza, de acuerdo a datos de Coneval.

Este crecimiento desigual, combinado con una estructura productiva que no es capaz de absorber a la población económicamente activa, ha ocasionado que la única alternativa para los trabajadores sea o la incorporación al sector informal o la migración con el objeto de buscar mejorar su calidad de vida y ofrecer mejores oportunidades de desarrollo a sus hijos.

A las graves condiciones económicas se estaría sumando también la violencia como otra explicación para este fenómeno. El incremento de la actividad criminal a niveles alarmantes, notablemente, sería una de las causas de las numerosas caravanas de principios de año y del pasado. Y es que los índices de homicidios, secuestros, robos en amplias zonas de estos países se encuentran entre los más altos del mundo. En México estamos ante el inicio de sexenio más violento en décadas, en amplias zonas de los estados del sur, el estado y sus cuerpos de seguridad han sucumbido al poder de los grupos delincuenciales de todo giro.

Dado que este flujo migratorio continuará con toda seguridad, a pesar de las amenazas de Trump, el trato hacia los inmigrantes debe ser humanitario y las instituciones migratorias deben de garantizar su atención y el cumplimiento de sus derechos básicos. Sin embargo, el nuevo gobierno no puede limitarse a ser policía de un tercer estado, o servir de amortiguador de los flujos inevitables de personas a través de la frontera sureña que con los graves desafíos con los que cuenta el país.

La solución es estructural y requiere del cambio del modelo económico vigente en la actualidad en el conjunto de los países mencionados, incluido, en primer lugar, México. Sin embargo, a juzgar por los primeros movimientos hechos por el gobierno federal, lo que se pretende es hacer solo cambios cosméticos al mismo modelo generador de pobreza y migración forzada.

Arnulfo Alberto es maestro en economía por la UNAM e investigador del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
arnulfo.alberto@gmail.com

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