| Por Tania Rojas

La economía mexicana tiene fuertes lazos de dependencia con la economía estadounidense. Esta dependencia se ha traducido en un sometimiento a las directrices de política económica que dictan el vecino del norte y las instituciones internacionales que este controla. Las directrices se presentan como “recomendaciones de política económica” para que los países subdesarrollados puedan alcanzar la estabilidad y crecimiento económicos, pero de facto son imposiciones que se hacen bajo la amenaza de encontrar obstaculizado el financiamiento en el Fondo Monetario Internacional y la banca internacional. Así, la política económica mexicana actual debe comprenderse dentro de un proyecto político más amplio que no se basa en las necesidades y particularidades del país, sino que responde en favor de las grandes corporaciones trasnacionales y de las élites financieras.

Este proyecto político se introdujo en México a partir de la crisis de la deuda de 1982, cuando se pusieron en práctica las reformas de carácter estructural que conformaron el conocido Consenso de Washington (CW), que no es más que la adopción del modelo económico neoliberal. El CW modificó los instrumentos de política económica y cedió el paso al “libre juego” de las fuerzas del mercado mediante la desregulación financiera, la apertura de los mercados de mercancías y de capitales, y la reducción del papel del estado como conductor del desarrollo económico.

Después vino la crisis de la balanza de pagos de 1994/95 y la firma del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), y con ello, un nuevo paquete de reformas. El objetivo prioritario de la política macroeconómica pasó a ser la estabilidad nominal, entendida como mantener una inflación baja y estable. Detrás de este objetivo está la formulación teórica de que bajo un contexto de apertura comercial y financiera, una inflación baja y estable, aunada a unas finanzas públicas sanas, son condiciones necesarias y suficientes para lograr un crecimiento económico elevado y persistente. Lo que realmente está detrás de la tan perseguida estabilidad nominal es la certidumbre que requieren y exigen los grandes proyectos comerciales, financieros y de inversión que tienen los capitales extranjeros en el territorio mexicano.

“La política monetaria está enfocada a brindar estabilidad económica a los grandes negocios extranjeros”

En línea con la institucionalización de que el objetivo principal de la política macroeconómica debe ser el control de la inflación, la política monetaria adquirió preponderancia sobre el resto de las políticas económicas, como la fiscal, la salarial, la de empleo, etc. El Banco de México (Banxico) es el encargado de mantener el poder adquisitivo de la moneda, y tiene como herramienta principal para lograrlo la tasa de interés interbancaria. En términos muy generales, cuando Banxico detecta que hay riesgo de que suba la inflación, aumenta la tasa de interés para contraer la demanda incentivando el ahorro, y viceversa.

Un análisis superficial nos llevaría a aplaudir el más o menos exitoso control de la inflación por parte del Banxico. No obstante, lo que no se dice es que esta política monetaria tiene efectos negativos en la distribución del ingreso. Por un lado, el aumento de la tasa de interés incrementa el monto de la deuda nacional afectando sobre todo a los de más bajos ingresos, quienes son los que adquieren más crédito para el consumo. Aún más, al incrementarse los costos financieros, las empresas echan mano de los salarios nominales para no ver reducidas sus ganancias. Por otro lado, la tasa de interés ha resultado insuficiente para controlar las expectativas inflacionarias, por lo que el Banxico ha utilizado la apreciación del tipo de cambio para lograr su meta de inflación. La apreciación del tipo de cambio resta competitividad a las exportaciones, y la forma de compensar esta pérdida de competitividad es mediante la reducción de los salarios.

En suma, la política monetaria no tiene como principal objetivo preservar el poder adquisitivo del salario de los trabajadores mexicanos, sino que está enfocada a brindar estabilidad económica a los grandes negocios extranjeros. He aquí uno de tantos ejemplos en los que nuestra política económica está sometida a intereses ajenos al de las mayorías.

Tania Rojas es economista por la UNAM e investigadora del Centro Mexicano de Estudios Económicos y Sociales.
tnia.rjas@gmail.com

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